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Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

lunes, 6 de enero de 2014

Sorpresa

Lo material nunca tuvo importancia. Que un objeto roce tus manos es demasiado simple. En los tiempos que corren cualquier cosa vale y cuanto más, mejor. A veces, la noche más mágica del año amanece con cierta resaca consumista y con números rojos. Gastar y gastar. Montañas de regalos se apilan en nuestros salones, y los sofás no dan a basto para acoger tantos presentes. A pesar de los bultos, para la que escribe sigue siendo la noche en la que la ilusión es palpable y se respiran ciertos aromas de felicidad. 

Todos los años los esfuerzos son sobrehumanos para que sus Majestades me obsequien con mis más deseados pensamientos, para darme cuanto deseaba. Y todos los años les estoy profundamente agradecida. Desde hace algun tiempo, me vuelvo paje también y me gusta repartir ilusión a los que me rodean. No regalo por regalar, cada cajita guarda un porqué y una historia que solo conocemos el destinatario y yo. Y eso, es lo que más me gusta. Poder demostrar cuanto quiero a alguien. 

Sin embargo, la niña aquí soy yo y los que me quieren lo saben. Sus Majestades siempre ha procurado dejar huella de su presencia cuando era una cría. Me dejaban notitas y todo estaba preparado al detalle. Cuando mi realidad se traslado a otro mundo y cambió mi visión, soñaba con que me volvieran a sorprender de alguna manera. Han pasado muchos años y pajes hasta el día de hoy. Por fin, este año me han vuelto a sorprender e ilusionar de verdad. Me han hecho realmente feliz. En lo material se han pasado pero es la historia lo que más me emociona y el saber que la otra persona ha pensado en mi al ver algo tan dulce como el chocolate y ha sabido alimentar mi pasión. Gracias, por hacer que este año los Reyes hayan sido Magos. 

A pesar de que culmino el día en una habitación solitaria, no puedo radiar más felicidad. 

He debido ser realmente buena. 

jueves, 2 de enero de 2014

Una carta de deseos.



Estimados sus Majestades los Reyes Magos de Oriente,

Una vez más me dirijo a vosotros. Ha pasado otro año y, sin embargo, no he dejado de ser una niña que el fondo desea no perder la ilusión y las ganas que trae consigo la inocencia. Como todos los niños, comenzaré diciendo que me he portado bien durante todo el año. He sido realmente buena; aunque el año se ha presentado complicado. He recibido malo momentos que no me esperaba pero quiero agradeceros vuestros presentes más tardíos. Algunos me han hecho verdaderamente feliz y me han servido de bálsamo para mis profundas heridas.

Debería de ser generosa y pensar en los demás en esta carta que os escribo. Pedir la paz en el mundo, que todo vaya bien, que se erradique el hambre y que todo el mundo tenga lo que se merece. A pesar de que se que debo, no voy a hacerlo. Pues yo os pido que a cada hombre le traigáis las ganas de cambiar el mundo y así os ahorraremos el intentar acabar con todos lo males de la tierra.

Quiero que me deis sol. Sí, sí. Sol. Quiero una cajita llena de luz. De esta manera, le regalaré un poquito a cada uno de los que me rodean. Cada cual la usará como mejor le venga. Para iluminar un camino dificultoso, para ver con claridad una decisión, para darse cuenta que está enamorado, para colocarla en el cielo una jornada especial o, simplemente, para brillar. Además me gustaría una cajita verde, verde esperanza, para aguantar el tirón de las lágrimas y ver que es esa cajita lo último que se pierde.

Os pido una caja roja, rojo sangre. Pues en ella quiero guardar todos mis sentimientos. Los dulces y los amargos. Será mi baúl de los recuerdos. Guardaré con delicadeza los otros regalos que no se muy bien donde meter. Meteré un revirá en mi retina, un piscina entartada, un prima maravillosa, un latido de corazón, la pluma del mi primer pregón, la indulgencia macarena, una caja de bombones, una noche sin dormir, una taza de té, un a las tres de la mañana, la aldea del Rocío, un grupo de amigos, una foto de pequeña, un juguete usado, un coche, una carretera, un pregón y un desmayo, un cumpleaños más y, por si acaso, un corazón enamorado. Me gustaría meter una foto, una sola instantánea, pero no la tengo.

Como siempre, si sus Majestades pueden, me gustaría papel y lápiz para poder escribir la historia de mi vida, mis pensamientos y mis incertidumbres. Quiero un sitio físico donde escribir. Quiero un libro para evadirme y unas ganas de soñar. Quiero tener las fuerzas para mis estudios y que mi pasión por ellos no desaparezca. Quiero conservar mi sonrisa, creo que estaréis de acuerdo que es lo único bonito que tengo; sin ella no sería yo. Quiero que mi pequeño angelito crezca conmigo, y que todo vaya bien. No creo que pida tanto.


Espero que sus Majestades tengan a bien concederme mis deseos y no dejar que pierda nunca la ilusión.

Un beso,
Una niña de 20 años.