Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

martes, 4 de marzo de 2014

Noches sin dormir.

Hace varias noches que casi no duermo. Es una tortura deslizarme entre las sábanas pues se cumple el presagio de dar mil vueltas en un espacio tan pequeño. Hace varias noches que me mantengo despierta hasta que mi cuerpo vence esa terminable lucha del cansancio. La oscuridad me resulta cómoda para seguir trabajando y mis ojos están abiertos como platos. Hace varias noches que no duermo, ni siquiera un adrezo me conduce a dormir. Y esta no iba a ser menos. 

No soy capaz de dormir y estoy segura que algún motivo debe de existir para tan repentino cambio de conducta. En los últimos días, rondan  por mi cabeza preocupaciones, miedos, problemas, deseos. Dejo rienda suelta a mi imaginación y planeo, sueño y vivo. Me gustaría poder decir que me encanta estar despierta y todo cuanto soy capaz de pensar es bueno. Pero no es verdad. La noche se me hace eterna como eterno me resulta el agonizante sentimiento que me invade sin causa aparente. Tanto es así, que llevo varios días con sueños muy similares que me hacen despertar sobresalta y temerosa.

Estas pesadillas abarcan desde historias que pueden ser reales o no -desconozco muchas cosas que me rodean- pero se clavan, mis propias mentiras hasta miedos físicos como es que me persigan y, como todos imagináis, me hagan daño. Son pesadillas muy dispares, malos sueños que se repiten y me dejan exhausta para comenzar la rutina del día siguiente.

Viene una época de mucho trabajo, de intentar acoplar en mis horarios estudios y placer y, como cada año, a costa de mis horas de sueño. Si cerrar los ojos se está convirtiendo en una labor pesada, ¿qué será de mis ojeras? La solución más probable sea afrontar lo que me aterra...veo con más posibilidades probar a contar ovejitas.

Qué descansen.