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Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

lunes, 17 de junio de 2013

Nada de "Tiempo al tiempo"

Todo el mundo dice "tiempo al tiempo" y con eso esperan que creamos que sera el tiempo quien se encargue de modificar los asuntos que nos traemos entre manos. "Tiempo al tiempo" y con eso todo mejorará. Pero a veces no es cuestión de tiempo sino de ganas. El tiempo pasa y nosotros nos quedamos inmóviles ante Él. El tiempo no piensa ni actúa solo pasa. Y nuestra vida pasa con él.El tiempo cura nuestras heridas, el tiempo nos pone en nuestro sitio, el tiempo nos da las cosas y nos lo quita. El tiempo nos ayudar a cambiar, el tiempo nos hace madurar, el tiempo tan solo nos acompaña porque no es el tiempo sino nosotros mismos quienes tomamos las decisiones. 

El tiempo no es ninguna medicina que haga desaparecer el dolor, es la costumbre quien nos da los cuidados paliativos. El tiempo no es lo que te quita la presión del pecho sino un buen abrazo. No es el tiempo quien te hace dormir sino el cansancio del cuerpo que puede. El tiempo no te hace soñar sino te quita los sueños bien para robártelos bien para cumplirlos. El tiempo no cura las heridas, quienes te rodean sí. El tiempo no te hace dejar de llorar. En realidad eso, no lo hace nadie. Siempre seguimos llorando. 

Por si no se sabía el ser humano tarda diez minutos en quedarse dormido y ahí empiezan los sueños. Un orgasmo para el hombre dura seis segundos; para la mujer treinta y se le considera como el momento de mayor relajación del día. Una persona tarde tres años en comenzar a hablar y tardamos uno en comenzar a andar. La media de duración de los estudios es de 20 años, una quinta parte de la vida. Tardamos media hora en comer y diez minutos en ducharnos. Una puesta de sol consume el tiempo de quince minutos Un beso corto dura menos de un segundo mientras que aquel que suele gustarnos una media de cuarenta segundos. Tardamos menos de tres horas en enamorarnos y en el fondo nunca olvidamos. El tiempo como podemos ver tampoco cuenta para tanto porque ninguna de estas cosas solemos pensarlas. 

Así que,  lo del tiempo al tiempo a mi no me vale. No me vale porque si hay que vivir el presente, el presente duele demasiado. Y el tiempo no siempre ha sido mi aliado. 

"Que el tiempo es efímero como que estamos aquí"
María

domingo, 16 de junio de 2013

La historia de la vida.

Naces, vives y mueres. Te levantas, pasa el día y te duermes. Todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Es como un gran relato en el cual las cosas se plantean, la trama pasa y para bien o para mal termina. A veces, no nos damos cuenta de que el tiempo pasa y que el cambio de escena se acerca. En otras ocasiones, te sientas tan solo a esperar. Los principios suelen ser bonitos; sonrisas y bellos momentos que recordar como si de la infancia se tratase. Suelen atraer al lector, suelen vivirse con intensidad. Sin embargo, a veces son duros y difíciles como un camino pedregoso que cruzar. Perdemos las ganas y ni siquiera importa lo que venga, solo queremos el final. 

Pero, ay, ¡cuán inesperado es el divino arte de las palabras!...La trama suele ser la más larga, la que más sorpresas suele dejar. Nos intriga, no advierte. Nos hace que vivamos las cosas con intensidad. Aquí los detalles importan y hasta el último movimiento es analizado. Es como si te recostaras en la hierba y la comodidad te embriagara. Una atmósfera te envuelve para hacerte aprender de lo que pasa, para dejarte las lineas escritas a fuego, para que tu mismo no sepas que va a pasar. La historia, si la historia, se vive con amor y aunque la luz se apague y la oscuridad venga siempre sabemos que habrá que esperar al final. 

Y cuando el final llega el dolor te sacude y no hay marcha atrás. El dolor se apodera de tu vida y no deja que la historia se acabe. Ningún final es feliz, porque los finales no lo son por naturaleza. Todos los finales duelen. La historia de un buen libro, la trama de una serie, el final de una etapa,...todo esta impregnado de la nostalgia y del dolor. El miedo a que las cosas cambien y el temor de perder lo que se tiene. Te duele cerrar el libro, apagar la tele, comenzar de nuevo. Te duele saber que lo que la trama te había regalado, el final sin consulta previa te lo ha arrebatado. Y tu guardas el dolor, las lagrimas, los recuerdos y tu vida en un pequeña caja para que cuando menos te lo esperes el dolor desaparezca y el comienzo vuelva a llegar. Nazcas, salga el sol y de comienzo de nuevo la gran representación de tu vida. 

Aun así, yo no estoy dispuesta a cerrar el libro. Acabo de escribir un largo capítulo que al lector le va a hacer llorar tanto como ha llorado la autora escribiéndolo. Y ahora toca intentar seguir escribiendo con buena y firma letra como el camino de males acabó y te devolví la sonrisa. 


Sin más, sigan escribiendo. 
María