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Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

domingo, 16 de junio de 2013

La historia de la vida.

Naces, vives y mueres. Te levantas, pasa el día y te duermes. Todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Es como un gran relato en el cual las cosas se plantean, la trama pasa y para bien o para mal termina. A veces, no nos damos cuenta de que el tiempo pasa y que el cambio de escena se acerca. En otras ocasiones, te sientas tan solo a esperar. Los principios suelen ser bonitos; sonrisas y bellos momentos que recordar como si de la infancia se tratase. Suelen atraer al lector, suelen vivirse con intensidad. Sin embargo, a veces son duros y difíciles como un camino pedregoso que cruzar. Perdemos las ganas y ni siquiera importa lo que venga, solo queremos el final. 

Pero, ay, ¡cuán inesperado es el divino arte de las palabras!...La trama suele ser la más larga, la que más sorpresas suele dejar. Nos intriga, no advierte. Nos hace que vivamos las cosas con intensidad. Aquí los detalles importan y hasta el último movimiento es analizado. Es como si te recostaras en la hierba y la comodidad te embriagara. Una atmósfera te envuelve para hacerte aprender de lo que pasa, para dejarte las lineas escritas a fuego, para que tu mismo no sepas que va a pasar. La historia, si la historia, se vive con amor y aunque la luz se apague y la oscuridad venga siempre sabemos que habrá que esperar al final. 

Y cuando el final llega el dolor te sacude y no hay marcha atrás. El dolor se apodera de tu vida y no deja que la historia se acabe. Ningún final es feliz, porque los finales no lo son por naturaleza. Todos los finales duelen. La historia de un buen libro, la trama de una serie, el final de una etapa,...todo esta impregnado de la nostalgia y del dolor. El miedo a que las cosas cambien y el temor de perder lo que se tiene. Te duele cerrar el libro, apagar la tele, comenzar de nuevo. Te duele saber que lo que la trama te había regalado, el final sin consulta previa te lo ha arrebatado. Y tu guardas el dolor, las lagrimas, los recuerdos y tu vida en un pequeña caja para que cuando menos te lo esperes el dolor desaparezca y el comienzo vuelva a llegar. Nazcas, salga el sol y de comienzo de nuevo la gran representación de tu vida. 

Aun así, yo no estoy dispuesta a cerrar el libro. Acabo de escribir un largo capítulo que al lector le va a hacer llorar tanto como ha llorado la autora escribiéndolo. Y ahora toca intentar seguir escribiendo con buena y firma letra como el camino de males acabó y te devolví la sonrisa. 


Sin más, sigan escribiendo. 
María

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