Cuando los primeros rayos de luz rozan tu cara, sabes que la hora de continuar ha llegado. Estiras los brazos muy lentamente para que la sangre vuelva a fluir en ti. Muy poco a poco abres los ojos mientras que te recibe un destello que te hace experimentar la ceguera. Observas tu alrededor intentando ubicarte, recordar donde paraste. Te incorporas muy lentamente como si no quisieras dejar la comodidad de estar parado. En el río más cercano sumarjes las manos y te enjuagas la cara. La frialdad recor
re todo tu cuerpo y te hace volver a la realidad. Atrás quedó la noche y con ella, los sueños.
Tomas la mochila cargada de trastos. Cada día que pasa la carga es un poco más pesada. Sera a consecuencia de que conforme se avanza las debilidades aumentan, los problemas crecen, los sentimientos se hacen de piedra y los recuerdos se vuelven en tu contra. A tu pesar, comienzas de nuevo el camino. Vas pensando en que no deberías de haberte quedado hasta la madrugada observando las estrellas, imaginando y recreando en tu mente miles de sueños. Sabías que pasaría factura y te levantarías cansado pero no importó. Quisiste creer que de sueños y pasión también se vive. Te prometes que al llegar a la siguiente etapa del recorrido descansarás más y repondrás fuerzas. En el fondo sospechas que al llegar te podrá más la ilusión que el sueño. Prefieres no meditarlo.
Te encuentras con una gran pendiente que culmina en un gran pico. Para cruzar al otro lado, tendrás que subirla. No existe camino alternativo. Será difícil, lo sabes. Tus ánimos no te acompañan. Tomas aire y piensas en que al subir todo habrá cambiado. En tu mente, un aliento. Y con la pesada carga vas subiendo a paso lento y firme. La cuesta cada vez es más pronunciada y notas la soledad del camino. Ahora tienes tiempo de pensar. De momento te entra fatiga, de tanto hablar contigo mismo. Paras y te sientas. No quieres seguir, has perdido las fuerzas. Te tumbas y dejas pasar el tiempo.
Al alzar la vista lo sientes. El olor a hierba fresca, la tranquilidad. La luz cegadora que te hace ver el cielo aun más azul. Los pulmones se te llenan de aire y por fin respiras. El sabor de la victoria es dulce y sientes sobre tu piel el éxtasis; nada del cansancio. Que vistas más maravillosas tienes desde aquí. Te sientas y comienzas a soñar.
En este día en el camino de tu vida, las cosas han sido duras. Pero todo merece la pena.
"Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar"
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