Siempre que llego a mi habitación, que es como mi casa, me quedo vestida hasta bien entrada la noche. Cuando no tengo más remedio que ponerme el pijama para caer rendida en lo brazos de Morfeo. Sin embargo, hoy nada más terminar la maleta me lo he colocado. Más que por comodidad, ha sido en señal de sentirme como en casa verdaderamente.
Los domingos son siempre días extraños. Pues amanezco en mi casa con mi madre dándome un café para estudiar y termino el día en la soledad de estas cuatro paredes. No creais que ando descontenta por estar aquí, es el sentimiento de nostalgia y el mero hecho de echar de menos mi hogar. No es sólo el que me hagan o que em dejen de hacer. Es más complicado que eso.
Es como vivir dos vidas: La de Sevilla y la de Cádiz. Aquí, en Sevilla, soy independiente, estoy sola y todo depende de mi. Pero Cádiz, a pesar de que nunca he tenido un sentimiento de ciudad, tiene todo lo demás. Mi familia, mis amigos, mi casa, mi novio y mi Hermandad. Y cuando hay ciertos eventos y yo me encuentro aquí mientras que el resto de mis compañeros de camino andan viviéndolo, me entre esa nostalgia y esa tristeza.
No cambiaria, por contradictorio que pareciese, ni una cosa ni la otra. Amo Sevilla y he luchado por estar aquí, por mucho que ahora las cosas no salgan como yo esperaba, así que no quiero estar lejos de lo que es mi sueño. Pero, por otro lado, deseo tener todo lo que tenía en mi casa, en mi hogar.
Para esto no hay solución , sino vivir como mejor se pueda cada una de las situaciones que me brinde la vida en uno u otro lugar e intentar vivirlo como yo quiera.
Hoy, este espejo anda un poco confuso y es por la semana que se me presenta.
María
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