En la habitación donde vivo la mayor parte de la semana, tengo un espejo justo a mi izquierda del escritorio. Sí miro hacía este lado, me veo perfectamente en él. Veo mi pórtatil, mi mesa y a mi misma. Llevo unos días algo desanimadas, con un algo en mi interior que me pesa. Existe un pensamiento que me conmueve.
Y es que cada vez que miro ese espejo, no me reconozco. No me siento yo. Esa imagen que aparece ante mis ojos me resulta desconocida. Ello, me lleva a pensar en algo,....¿Qué fue de...?
Que fue de esa niña agobiada y cansina. Repelente y sabionda. Que fue de esas notas elevedas, de esas luchas por lo máximo. De esa capacidad de concentración. De esos días de estudio interminables, de esos libros de hisotria, de esos 10 en latín. Que fue de esas lágrimas de esfuerzo, de el afán de superación, del querer tenerlo todo, del vivir sin vivir por él. De la meta inalcanzable, de los sueños de traducción, de querer trabajar en la ONU, de querer ser yo. Que fue de de esa niña cairñosa y amable, que regalaba palabras, besos y abrazos a todo su alrededor. Que fue de aquella cofrade que se desvivía por trabajar y trabajar. De los despertadores tempranos, de los problemas a Mama y las cosas claras. Que fue eso de saber inglés, de saber francés, de tenerlo todo. Que fue de aquella vida....
Y no lo sé, no sé siquiera si alguna vez lo tuve, si lo he perdido, si fue cuestión mía. Pero volverá. Como dijo el poeta "Volveran las oscuras golondrinas a anidar en portal"...
Lo dicho,...volverá.
María
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