¿Nunca os ha pasado de estar de una determinada forma, no estar cómoda y no encontrar la manera en la que encontrarte? Pues así es como me siento. Me molesta estar en la cama, me molesta la bata, me molesta estar con la almohada,...hasta leer me molesta. En un primer momento, pensaba que tal carácter se debía a que deseaba estar en un sitio en concreto y no en esta silla sentada, quizás, creía yo, que era por el agobio y las hormonas de mi condición de mujer. Pero no. A medida que pasa el día y ya que ha entrado la noche, soy consciente que lo que tengo es un no saber que es.
Sí, sí. El no querer estar sentada ni de pie, el no querer ni leer ni dejarlo, el no querer dormir ni estar despierta, el no querer estar aquí ni en ningun sitio....Y pensareis; "¡Qué chica más mimada, qué indecisa, qué pesada!" y podreís tener razón pero que cierto es tal sentimiento. Todo me molesta. Nada me agrada. Todo me es confuso.
Y siendo fría y reflexionando sobre las posibles causas que me llevan a este estado inaguantable para mi alrededor y para mi mísma, llego a la conclusión de que es fruto de querer algo que no tengo e intentar fallidamente crearlo. Es ver como mi vida ha cambiado, ser consciente de ello pero no ser capaz de aceptarlo del todo, de querer lo nuevo y también lo viejo. Y eso no es posible. Es como la rana que no está adaptada el medio, no se muere pero tampoco vive en su plenitud. Pues como la rana que agoniza hasta meterse en el agua, así vivré yo hasta que la persona que habita en mi mente se sienta como en casa, otra vez.
¿Qué la situación cambie depende de mi? No lo sé. Voy a intentar trabajar en mi vida con lo nuevo metiendo lo viejo, ya he fallado, pero si no lo vuelvo a intentar hasta conseguirlo, dejaría de ser la antigua que no daba nada por perdido y ganaría la nueva que se conforma con más bien poco.
Que Morfeo me acoja en sus brazos y me haga ser yo misma, es necesario.
María
No hay comentarios:
Publicar un comentario