Lo material nunca tuvo importancia. Que un objeto roce tus manos es demasiado simple. En los tiempos que corren cualquier cosa vale y cuanto más, mejor. A veces, la noche más mágica del año amanece con cierta resaca consumista y con números rojos. Gastar y gastar. Montañas de regalos se apilan en nuestros salones, y los sofás no dan a basto para acoger tantos presentes. A pesar de los bultos, para la que escribe sigue siendo la noche en la que la ilusión es palpable y se respiran ciertos aromas de felicidad.
Todos los años los esfuerzos son sobrehumanos para que sus Majestades me obsequien con mis más deseados pensamientos, para darme cuanto deseaba. Y todos los años les estoy profundamente agradecida. Desde hace algun tiempo, me vuelvo paje también y me gusta repartir ilusión a los que me rodean. No regalo por regalar, cada cajita guarda un porqué y una historia que solo conocemos el destinatario y yo. Y eso, es lo que más me gusta. Poder demostrar cuanto quiero a alguien.
Sin embargo, la niña aquí soy yo y los que me quieren lo saben. Sus Majestades siempre ha procurado dejar huella de su presencia cuando era una cría. Me dejaban notitas y todo estaba preparado al detalle. Cuando mi realidad se traslado a otro mundo y cambió mi visión, soñaba con que me volvieran a sorprender de alguna manera. Han pasado muchos años y pajes hasta el día de hoy. Por fin, este año me han vuelto a sorprender e ilusionar de verdad. Me han hecho realmente feliz. En lo material se han pasado pero es la historia lo que más me emociona y el saber que la otra persona ha pensado en mi al ver algo tan dulce como el chocolate y ha sabido alimentar mi pasión. Gracias, por hacer que este año los Reyes hayan sido Magos.
A pesar de que culmino el día en una habitación solitaria, no puedo radiar más felicidad.
He debido ser realmente buena.



