Estimados sus Majestades los Reyes Magos de Oriente,
Una vez más me dirijo a vosotros.
Ha pasado otro año y, sin embargo, no he dejado de ser una niña que el fondo
desea no perder la ilusión y las ganas que trae consigo la inocencia. Como
todos los niños, comenzaré diciendo que me he portado bien durante todo el año.
He sido realmente buena; aunque el año se ha presentado complicado. He recibido
malo momentos que no me esperaba pero quiero agradeceros vuestros presentes más
tardíos. Algunos me han hecho verdaderamente feliz y me han servido de bálsamo
para mis profundas heridas.
Debería de ser generosa y pensar
en los demás en esta carta que os escribo. Pedir la paz en el mundo, que todo
vaya bien, que se erradique el hambre y que todo el mundo tenga lo que se
merece. A pesar de que se que debo, no voy a hacerlo. Pues yo os pido que a
cada hombre le traigáis las ganas de cambiar el mundo y así os ahorraremos el
intentar acabar con todos lo males de la tierra.
Quiero que me deis sol. Sí, sí. Sol.
Quiero una cajita llena de luz. De esta manera, le regalaré un poquito a cada
uno de los que me rodean. Cada cual la usará como mejor le venga. Para iluminar
un camino dificultoso, para ver con claridad una decisión, para darse cuenta
que está enamorado, para colocarla en el cielo una jornada especial o,
simplemente, para brillar. Además me gustaría una cajita verde, verde
esperanza, para aguantar el tirón de las lágrimas y ver que es esa cajita lo último
que se pierde.
Os pido una caja roja, rojo
sangre. Pues en ella quiero guardar todos mis sentimientos. Los dulces y los
amargos. Será mi baúl de los recuerdos. Guardaré con delicadeza los otros
regalos que no se muy bien donde meter. Meteré un revirá en mi retina, un piscina entartada, un prima maravillosa, un
latido de corazón, la pluma del mi primer pregón, la indulgencia macarena, una
caja de bombones, una noche sin dormir, una taza de té, un a las tres de la
mañana, la aldea del Rocío, un grupo de amigos, una foto de pequeña, un juguete
usado, un coche, una carretera, un pregón y un desmayo, un cumpleaños más y,
por si acaso, un corazón enamorado. Me gustaría meter una foto, una sola instantánea,
pero no la tengo.
Como siempre, si sus Majestades
pueden, me gustaría papel y lápiz para poder escribir la historia de mi vida,
mis pensamientos y mis incertidumbres. Quiero un sitio físico donde escribir. Quiero
un libro para evadirme y unas ganas de soñar. Quiero tener las fuerzas para mis
estudios y que mi pasión por ellos no desaparezca. Quiero conservar mi sonrisa,
creo que estaréis de acuerdo que es lo único bonito que tengo; sin ella no sería
yo. Quiero que mi pequeño angelito crezca conmigo, y que todo vaya bien. No creo
que pida tanto.
Espero que sus Majestades tengan
a bien concederme mis deseos y no dejar que pierda nunca la ilusión.
Un beso,
Una niña de 20 años.