Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

jueves, 10 de julio de 2014

“Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”

La melancolía ha acechado mi ánimo en estos días atrás. Quizás fuera el hecho de ver como se iba vaciando de forma progresiva una casa llena de recuerdos. No tengo derecho a sentirme de esta manera cuando no es mi casa la que se desmontaba. Sin embargo, tengo la sutil sensación de haber dejado un trocito de mí en cada uno de sus rincones. Al echar un último vistazo a cuánto me rodeaba, comprendí que cada momento había sido único y especial.

Lo primero que me abstrajo fue un par de sofás que no estaban colocados en su sitio habitual. No parece difícil de relacionar que me detuviera ahí. Fue el principio, el comienzo. Ocurrió lo que pensé que había sido un error, un hecho aislado del que no me arrepentía. En ellos, he conocido la pasión más ardiente, el amor más sincero y el cariño más inesperado.  He confesado secretos, calmado inquietudes y llorado mi pena. Poco después y al girarme, noté la ausencia de la televisión. Un gran hueco vacío. En su pantalla, he visto de todo y he perdido más de un momento atenta a ella mientras sumergía mis dedos en un pelo suave y sedoso.
Indecisa por dónde tirar, decidí adentrarme en el pasillo que he recorrido de forma tan asidua para coger agua. En él no se encontraban los cuadros que las pasadas navidades yo misma había colocado con un marco barato y unos trozos de cartulina beige. Y el recuerdo de ese día, y de tantos otros, azotaron sin verlos venir a mi mente. A un lado el baño. En esa cocina, que ahora observaba, había florecido mi incipiente relación con la bebida inglesa tan amarga a la cual tenía que añadir dos cucharadas de azúcar para que mi empalagoso gusto no notara la diferencia entre aquella humeante bebida y su golosa costumbre. No solo recuerdos, como aquella dulce e insospechada felicitación de cumpleaños, sino deseos que no había cumplido. Me hubiera gustado trabajar en aquellos fogones para demostrar mis dotes culinarias. Una comida especial. ¡Hasta en aquellas habitaciones en las que no tendría que haber nada, se encontraba un momento! Un ejemplo es la desesperación por el chirrido constante.

“En estás escaleras, con mis nervios habituales, he pegado el bocazo de mi vida. Creo que todavía me duelen las piernas del golpe. Podría haberme dejado toda la cara por culpa de aquella estúpida caída” pensaba para mí mientras las miraba. En cuanto subí, como siempre, a ayudar. Recordé una colada, una bolsa enorme plateada e ilusión, muchísima ilusión. No puedo evitar la ternura y la niñez. Realmente me sentí bien. Hasta el momento nadie se había comportado conmigo de esa forma. No me refiero solo a aquel cinco de enero repleto de inocencia, sino a lo largo de todo este tiempo cada día ha sido un detalle; una sorpresa: una visita inesperada, un libro, una nota, una cena, una película o un poco de chocolate.

Una vez que me doy la vuelta y decido regresar, entro en una habitación en la que abundaba el conocimiento. En el fondo, era una de mis ideas de siempre. Una habitación repleta de libros. No obstante, ahora, no quedaba más que la pared vacía. Con cariño y cierta melancolía, fijé mi atención en aquel escritorio en el que nacieron mis versos y mis palabras, donde inicié el camino pregonero, donde mis pensamientos cubrieron el blanco impoluto de una hoja de papel. Allí, en ese mismo lugar y con su ayuda. En el lugar en el que he conciliado tantas veces el sueño, en el que el silencio se apoderó de mí, en el que me he dejado querer y en el que he querido, en el que estado tranquila y en el que he vivido, en ese lugar preciso se quedan para nosotros lo que seamos capaces de recordar.

Y al irme, ya casi al cerrar la puerta, noté como faltaba allí su imagen. Gracias a aquella estampa, me había atrevido a hablar con Ella. Bajar las escaleras casi por última vez y recorrer las mismas calles que cientos de veces había recorrido en busca de su presencia de camino a casa. La melancolía se apoderó de mí mientras paseaba; me abrazó tan fuerte que aun a día de hoy no se ha querido despegar de mis brazos. Once meses después de aquel ocho de agosto, abandonaba un recuerdo siendo aún ocho de julio.

A pesar de todo, no significa que se acabó. Tan solo que se cambiará de escenario. Tomaré las palabras de Sabina para terminar…“Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”


jueves, 19 de junio de 2014

Para ti.

  1. He visto en tus ojos, 
  2. en esa fría mirada, 
  3. una ráfaga de ternura; 
  4. conmovedora y amarga.

  5. He creído ver en ti
  6. dos facetas que se igualan, 
  7. la cara y la cruz
  8. de una misma estampa.

  9. He sufrido tu hielo,
  10. tu indiferencia y desgana. 
  11. He sentido tu calor,
  12. tu amor y tus ganas. 

  13. He pasado contigo
  14. momento de lágrimas, 
  15. una felicidad sin precedentes
  16. y momentos que se guardan. 

  17. He estado contigo
  18. de día, de noche y de madrugada
  19. pasando las horas
  20. sobre ti recostada. 

  21. He mendigado tus besos, 
  22. sorprendido con tus gestos, 
  23. recibido tus abrazos
  24. y esperado tus palabras. 

  25. He observado tus sueños,
  26. acariciado tu espalda,
  27.                                                             enredado en tu pelo
  28. y aguardado tu llegada.

  29. He pasado los días
  30. sin querer que esto pasara
  31. y ha pasado sin remedio
  32. y esperando que pasara.

  33. He visto en tus ojo,
  34. una luz, una mirada, 
  35. que ea oscura y brillante
  36. y que ha robado mi alma. 
María Ortiz

sábado, 10 de mayo de 2014

21...

Parecía de película. Era una situación que no estaba acostumbrada a esa ternura. Removía una bolsita de té en el agua caliente, absorta de la realidad y muy dentro de sí misma. Qué le gustaba este día que en pocos minutos daría comienzo. Ya no era una niña pero seguí siendo especial. Sin esperarlo, la abrazó. La estrechó fuertemente entre sus brazos, la felicitó con cariño y la besó queriendo dejar impregnado en sus labios un pizca de la sonrisa que se le había dibujado. Pasaban 8 minutos de las 00.00 del día 10 de mayo. 

Un año más no falta la cita en rojo en el calendario. De nuevo un año más vieja. Tengo que reconocer que en años anteriores la expectación y las ganas han sido mucho mayores que las que tengo ahora mismo. Cada año es distinto, he querido convencerme a mi misma. Esta vez faltaran amigos, una fiesta, algún regalo y lo más importante: las velas. No soplaré los 21. No ha sido una decisión ni tampoco un berrinche, tan solo no ocurrirá.  De nuevo me faltarán voces que oír y sentiré el vacío de algunos. A pesar de los malos sentimientos, del momento por el que paso, hay cositas como el primer "felicidades" que te sacan una sonrisa para mejorar lo demás. 

Que comience la fiesta. 

martes, 4 de marzo de 2014

Noches sin dormir.

Hace varias noches que casi no duermo. Es una tortura deslizarme entre las sábanas pues se cumple el presagio de dar mil vueltas en un espacio tan pequeño. Hace varias noches que me mantengo despierta hasta que mi cuerpo vence esa terminable lucha del cansancio. La oscuridad me resulta cómoda para seguir trabajando y mis ojos están abiertos como platos. Hace varias noches que no duermo, ni siquiera un adrezo me conduce a dormir. Y esta no iba a ser menos. 

No soy capaz de dormir y estoy segura que algún motivo debe de existir para tan repentino cambio de conducta. En los últimos días, rondan  por mi cabeza preocupaciones, miedos, problemas, deseos. Dejo rienda suelta a mi imaginación y planeo, sueño y vivo. Me gustaría poder decir que me encanta estar despierta y todo cuanto soy capaz de pensar es bueno. Pero no es verdad. La noche se me hace eterna como eterno me resulta el agonizante sentimiento que me invade sin causa aparente. Tanto es así, que llevo varios días con sueños muy similares que me hacen despertar sobresalta y temerosa.

Estas pesadillas abarcan desde historias que pueden ser reales o no -desconozco muchas cosas que me rodean- pero se clavan, mis propias mentiras hasta miedos físicos como es que me persigan y, como todos imagináis, me hagan daño. Son pesadillas muy dispares, malos sueños que se repiten y me dejan exhausta para comenzar la rutina del día siguiente.

Viene una época de mucho trabajo, de intentar acoplar en mis horarios estudios y placer y, como cada año, a costa de mis horas de sueño. Si cerrar los ojos se está convirtiendo en una labor pesada, ¿qué será de mis ojeras? La solución más probable sea afrontar lo que me aterra...veo con más posibilidades probar a contar ovejitas.

Qué descansen. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Perdona, pero quiero un té contigo

Nunca me ha gustado el té. Era una de esas bebidas amargas que me hubiera gustado adorar para que encajara en mi personalidad. Lo mío siempre ha sido el café. En taza. Con una cucharada de azúcar y la leche templada. La prefiero fría si es época estival. Sin embargo, el sabor del té no me era agradable. Su poca textura y su baja densidad me hacia incapaz de tragarme ese líquido humeante que desprendía un olor fuerte. No, el té no era lo mío. Me daba la sensación de bebida fría e independiente, me resultaba poco simpático y ni por asomo se parecía al maravilloso café que inundaba de vitalidad y aroma a mi pequeño habitáculo. Lo recalcaré por ultima vez. El té nunca me ha gustado. 

Quién me iba a decir que yo, con toda mi tozudez, cambiaría de opinión. Ahora no bebo té en público sino que en la soledad de mis pensamientos, en mis largas tardes de oscuridad echo mano de una espantosa taza blanca de serie y me dejo llevar. Esa bolsita me evoca a una habitación con luz tenue, la persiana baja buscando la intimidad. Me recuerda a la noche, a la humedad de las noches de veranos y el frío de estos meses que vivimos. A un sofá que da la sensación que te absorbe y te envuelve. Me trae a la mente el desesperante sonido del Whatsapp y a la dulce voz del consuelo. Tomarme un té es sinónimo de conversar, de desahogar, de contar las inquietudes y problemas. Es una excusa para escaparnos. Un reconforte inimaginable. Ya no pienso los mismo acerca de esa extraña bebida inglesa que perfumaba cada tarde mis lecciones del mismo idioma. El té me sabe a su presencia. Y creo, que a él me sabrá siempre el té. 

Taza del Ikea en mano, he abierto muchas de mis inquietudes y he mantenido conversaciones tan pletóricas como las que podría haber mantenido en mi admirado Horno de San Buenaventura. No voy a afirmar que me gusta, ni que su sabor me haya cautivado. No voy a decir que ha desbancado a mi pasión cafetera. Solo diré que tengo taza nueva y estoy deseando estrenarla con una buena compañía y el té ese de naranja y chocolate. 


lunes, 6 de enero de 2014

Sorpresa

Lo material nunca tuvo importancia. Que un objeto roce tus manos es demasiado simple. En los tiempos que corren cualquier cosa vale y cuanto más, mejor. A veces, la noche más mágica del año amanece con cierta resaca consumista y con números rojos. Gastar y gastar. Montañas de regalos se apilan en nuestros salones, y los sofás no dan a basto para acoger tantos presentes. A pesar de los bultos, para la que escribe sigue siendo la noche en la que la ilusión es palpable y se respiran ciertos aromas de felicidad. 

Todos los años los esfuerzos son sobrehumanos para que sus Majestades me obsequien con mis más deseados pensamientos, para darme cuanto deseaba. Y todos los años les estoy profundamente agradecida. Desde hace algun tiempo, me vuelvo paje también y me gusta repartir ilusión a los que me rodean. No regalo por regalar, cada cajita guarda un porqué y una historia que solo conocemos el destinatario y yo. Y eso, es lo que más me gusta. Poder demostrar cuanto quiero a alguien. 

Sin embargo, la niña aquí soy yo y los que me quieren lo saben. Sus Majestades siempre ha procurado dejar huella de su presencia cuando era una cría. Me dejaban notitas y todo estaba preparado al detalle. Cuando mi realidad se traslado a otro mundo y cambió mi visión, soñaba con que me volvieran a sorprender de alguna manera. Han pasado muchos años y pajes hasta el día de hoy. Por fin, este año me han vuelto a sorprender e ilusionar de verdad. Me han hecho realmente feliz. En lo material se han pasado pero es la historia lo que más me emociona y el saber que la otra persona ha pensado en mi al ver algo tan dulce como el chocolate y ha sabido alimentar mi pasión. Gracias, por hacer que este año los Reyes hayan sido Magos. 

A pesar de que culmino el día en una habitación solitaria, no puedo radiar más felicidad. 

He debido ser realmente buena. 

jueves, 2 de enero de 2014

Una carta de deseos.



Estimados sus Majestades los Reyes Magos de Oriente,

Una vez más me dirijo a vosotros. Ha pasado otro año y, sin embargo, no he dejado de ser una niña que el fondo desea no perder la ilusión y las ganas que trae consigo la inocencia. Como todos los niños, comenzaré diciendo que me he portado bien durante todo el año. He sido realmente buena; aunque el año se ha presentado complicado. He recibido malo momentos que no me esperaba pero quiero agradeceros vuestros presentes más tardíos. Algunos me han hecho verdaderamente feliz y me han servido de bálsamo para mis profundas heridas.

Debería de ser generosa y pensar en los demás en esta carta que os escribo. Pedir la paz en el mundo, que todo vaya bien, que se erradique el hambre y que todo el mundo tenga lo que se merece. A pesar de que se que debo, no voy a hacerlo. Pues yo os pido que a cada hombre le traigáis las ganas de cambiar el mundo y así os ahorraremos el intentar acabar con todos lo males de la tierra.

Quiero que me deis sol. Sí, sí. Sol. Quiero una cajita llena de luz. De esta manera, le regalaré un poquito a cada uno de los que me rodean. Cada cual la usará como mejor le venga. Para iluminar un camino dificultoso, para ver con claridad una decisión, para darse cuenta que está enamorado, para colocarla en el cielo una jornada especial o, simplemente, para brillar. Además me gustaría una cajita verde, verde esperanza, para aguantar el tirón de las lágrimas y ver que es esa cajita lo último que se pierde.

Os pido una caja roja, rojo sangre. Pues en ella quiero guardar todos mis sentimientos. Los dulces y los amargos. Será mi baúl de los recuerdos. Guardaré con delicadeza los otros regalos que no se muy bien donde meter. Meteré un revirá en mi retina, un piscina entartada, un prima maravillosa, un latido de corazón, la pluma del mi primer pregón, la indulgencia macarena, una caja de bombones, una noche sin dormir, una taza de té, un a las tres de la mañana, la aldea del Rocío, un grupo de amigos, una foto de pequeña, un juguete usado, un coche, una carretera, un pregón y un desmayo, un cumpleaños más y, por si acaso, un corazón enamorado. Me gustaría meter una foto, una sola instantánea, pero no la tengo.

Como siempre, si sus Majestades pueden, me gustaría papel y lápiz para poder escribir la historia de mi vida, mis pensamientos y mis incertidumbres. Quiero un sitio físico donde escribir. Quiero un libro para evadirme y unas ganas de soñar. Quiero tener las fuerzas para mis estudios y que mi pasión por ellos no desaparezca. Quiero conservar mi sonrisa, creo que estaréis de acuerdo que es lo único bonito que tengo; sin ella no sería yo. Quiero que mi pequeño angelito crezca conmigo, y que todo vaya bien. No creo que pida tanto.


Espero que sus Majestades tengan a bien concederme mis deseos y no dejar que pierda nunca la ilusión.

Un beso,
Una niña de 20 años.