Dicen que en
la vida hay que arriesgarse, dejar lo miedos atrás, apostar todo lo
que se tiene. Dicen que en la vida hay que ser valiente, compartila
con los demás. Dicen que en la vida todos tenemos unos fines y
tenemos un destino escrito. Dicen que cuanto nos rodea está más que
diseñado para que sea así. Dicen que hay que darlo todo para poder
recibir algo a cambio.
Pero yo me
canse de dar. Me canse de darlo todo, de desvivirme, de entregarme.
Me canse de dar más de lo que tenía y por ello, perdí las ganas de
recibir. Me canse de ser cariñosa, de regalarle besos al tiempo. Me
canse ser princesa abandona en una torre. Me canse de ser jovial y
sonriente. Me canse de ser yo. Me volví cual piedra. No quería dar
ni tampoco recibir.
Pero que
caprichoso es el destino. Es caprichoso porque me puso entre la
espada y la pared. Me rompió cual oleaje el muro de piedra que
intentaba construir alrededor de mi corazón. Es caprichoso porque
más si quería dejar de sentir, me hizo enamorarme de, según decían
todos, quien no me convenía.
¿Cómo iba
a estar enamorada?¿cómo me iba a temblar la voz solo con saber que
estaba cerca?¿cómo me iba a poner nerviosa el simple hecho de
pensar en Él?¿cómo me iba enamorar otra vez? Tan simple como el
dolor de no tenerlo, el hecho de pensar que nunca sería mío, el
frío de mis manos sobre las suyas, la leve sonrisa que me dedicaba,
la palabras de cariño que se quedaban en amistad, el juego de solo
verlo, los dobles sentidos de las lineas, su pelo repeinado, su risa
inconfundible, su voz, su poesía. Ese polito esperanzista que me
volvía loca, su abrazo más sincero, sus palabras, el mínimo tiempo
que me dedicaba a mi. Mi mirada en un cortejo que buscaba la suya, el
miedo de perderlo todo, la necesidad de pasar tiempo con él.
Quererlo solo para mi. Evidentemente estaba enamorada, otra vez.
Pero me daba
miedo, me daba miedo que todo cambiara, que me rechazara, que no me
quisiera con la misma intensidad que yo sentía. Me daba miedo a que
las cosas fueran tan difíciles que no lo aguantáramos, que la
presión del mundo le ganara la batalla al amor, que no nos fuera
posible querernos. Me daba miedo agobiarlo, o que las criticas fueran
tan fuertes que yo sucumbiera a ellas por todo nuestro pasado.
Como decía,
el destino es caprichoso y me quiso regalar un capricho a mi. ¿Porqué
no lanzarme a la aventura? Quizás el amor, si lo pudiese todo. Y a
día de hoy digo; que adoro despertame y darle los buenos días, que
me apele con cosas como “cari”, “vida” o “gordi”, que me
diga que me quiere, que me sonría, que intente demostrarme que esto
es de verdad, que el resto del mundo me diga cuan feliz parece, que
me busque, que me abrace, que me bese, que me mire, que cometa
locuras solo porque me echa de menos, que tenga ilusión en mi, que
no le de miedo lo nuestro, que es causa de mi felicidad, que me ha
devuelto la vida, que sigo teniendo miedo pero que a nada importa,
que me sea como él quiere ser, que se ha vuelto lo más importante
de mi vida, que confío en que esto va a salir bien, que soy una
empalagosa como yo sola porque lo he recuperado tras haberlo perdido.
Me encanta poder decir que me ha devuelto las ganas de vivir día a
día.
Y a todos
los que esto les parece una locura, a todos lo que decidáis
criticarlo os afirmo que como se nota que no sabéis sentir de
verdad.
Siento ser
así de empalagosa, ñoña y cursi pero no puedo hablar de Él de
otra forma.
Te quiero,
María Ortiz
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