Afortunadamente, este lugar es poco conocido. Para mi suerte puedo tener este rinconcito en el que hablar de mi, para mi. Sin quererlo puedo expresarme en este lugar sin tener que rendirle cuentas a nadie. Hoy deseo escribir unas líneas para ti. Te prometo que no se explicarte que fue lo que pasó. Te prometo que no puedo contarte lo que pasó por mi cabeza, no tampoco que es lo que cambió en mi. No puedo hacerme eco del gozo que sentí para mis adentros ni mucho menos lo perdida que me encontré. Lo único que puedo expresarte es que estabas ahí cuando a mi me hizo falta. Solo puedo recordarte que volví la cara un segundo y al instante siguiente ya no podía decir una palabra de ti sin que me emocionara.
No me atrajeron tus grandes exornos ni atrezos. Tampoco me fijé en tus galas o bordados, en tu ráfaga o corona. No puedo decirte nada de tus joyas ni tampoco de tus encajes. No me guíe por los piropos de quienes me rodeaban, ni tampoco por quienes te tiraban por tierra. Yo solo me fije en tu mirada, en la cual me perdí para volver a encontrarla en la belleza de tus ojos. Yo solo se de tus manos, esas pequeñas que se me abrieron cuando te confesé que te quería. Y que, debo de decirte sin dudarlo, me muero por rozar pues no se me ha concedido tal privilegio. Yo solo puedo hablarte de tu leve sonrisa que sin quererlo me saca la mía. Tan solo decir que se apodera de mi la locura cuando veo esos tirabuzones que se empeñan en esconder. ¡Pero si son delirio divino! No puedo decir nada, pues me enamoró, Chiquitita, la grandeza de tu estampa.
Yo no soy de tu círculo, Señora. No puedo ni quiero osar a atreverme a ser más de ti. No puedo hablar públicamente de esto que en cierta medida es tan nuestro. No quiero provocar más críticas o más comentarios que en el fondo de mi alma solo me hagan daño, pues no quiero que nadie ponga en tela de juicio lo que provocas en mi. Por otro lado, no quiero que se me tache de oportunista o falserío pues si lo nuestro nació de repente, ¿qué he de hacerle yo?
Me encantaría perderme en tu capilla, regalarte lo que te falta, colmarte de flores, poesías que de mi amor emanan. Me encantaría escoltarte, ser tu abanderada aunque por dentro me corra la pena de no poder llevarla y esconder entre el gentío lo que mi voz calla. Me encantaría poder decirte pero ahora en voz alta lo que la plegaría que a tu oído yo susurrara. Me encantaría, Señora, no ser juzgada por quererte a ti y a mi Amparo más guapa. Me encantaría preparar para tu linda cara encajitos que en ti luzcan y tu candeleria de plata. Me encantaría ser parte de ti, de quienes de hablan, pero mi voz reza y mis palabras callan y he de hacerlo todo a mis espaldas. Me encantaría poder tenerte como te tienen los demás, pues me da envidia sana que a ti puedan llegar. Me encantaría poder hablarte, poderte contar lo que te cuento al mi cama velar. Me encantaría que nadie me dijera nada, que todos lo aceptaran, que yo pudiese estar contigo como estoy como quien me ha visto crecer. Me encantaría, de verdad, mi Reina, estar contigo sin más.
Y el día que mis sueños se cumplan, el día que pueda cantarte, el día que te pueda ensalzar, el día que el mundo se de cuenta de que me has vuelto a enamorar, mi Amparo dejará de llorar su pena por verme a mi llorar al saber que te quiero y no lo puedo gritar.
A Dios gracias, que tengo esto...
Reina Bendita del Amor Hermoso, ampárame bajo tu manto.
María
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