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Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

lunes, 11 de febrero de 2013

Pequeños places

Cuando los días amanecen grises con nubes que parecen que van a caer, cuando los días se asemejan a un duro camino que recorrer, cuando nada de lo que te rodea te acompaña, hay que cambiar la mente. Cuando todo parece oscuro, cuando se pierde la sonrisa por la desgana, cuando las cosas se vuelven contra ti, hay que buscar la manera de seguir adelante. A veces, es misión imposible. A veces, es necesario pararse. A veces, hay que asumir lo que la vida te presenta. Aun así, siempre saldrán mejor las cosas si se afrontan con la luz de nuestros rostros. En el tiempo que he recorrido, no demasiado atrás, he disfrutado cual niña pequeña pero la realidad me ha saludado de nuevo y no me ha parecido correcta su visita. 

A pesar de que no estoy de un animo jubiloso me he dado cuenta de que en días así, de pesimismo y tinieblas, hay detalles que te hacen notar que vives en un paraíso terreno. Hay ciertos detalles de la vida que siendo gratuitas provocan un disfrute sin previa vista. El placer que provoca el agua caliente sobre la piel fría tras un duro día de trabajo. El calor de una habitación tras temblar en el recorrido del vuelta. La sensación de que el chocolate se derrite en su boca. El café humeante que te despierta. El ponerte el pijama y sentirte cómodo. Un capítulo de una serie que te enamora. El tumbarte en la cama con un buen libro que te traslade a donde tu quieras. Esa conversación entre amigas donde se escapan las mejores de las risas. Ese apoyo de tu madre antes de dormir. El dejar que la mente fluya sin rumbo. La música que esconde acordes de pasión, entrelazándose con tus sentimientos. El placer que provoca cenar despatarrada con una buena película  el tachar lo ya hecho de tu lista pendiente. El olor de la ropa recién lavada, el olor a tu hogar. Ese placer de un paseo improvisado siendo espectadores del mar. Buscarle el detalle a las pequeñas cosas. Ese placer de leer las palabras de alguien que te quiere, alguien que lo daría todo por ti. El placer de andar descalzo sintiendo la frialdad del suelo en ti. El ir al baño cuando no podías más o el beber un vaso de agua cuando tenias la boca seca. El saber que para comer hay tu plato favorito o que te espera un bizcocho para merendar. El placer que te da coger una hoja en blanco y ponerte a escribir. El placer que te da sentirte vivo. 

Quizás estos detalles no signifiquen nada para ti. Quizás no sientas lo mismo que yo. Sin embargo, hay placeres que te hacen sentir bien contigo mismo y cuando me decaen las fuerzas, cuando digo que no puedo más, uno de esos placeres me hacen sonreír un poquito porque me hacen sentir bien. ¿Y a ti?¿Qué pequeño placer te hace sentir la vida en tu piel?

Qué disfruten de ellos todos los días sean grises o soleados,
María

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