Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

lunes, 12 de agosto de 2013

Hoy las musas han pasado de mi...

El más conocido de los escritores y dramaturgos que tiene la humanidad cuenta que una vez perdió su don. No era capaz de componer ni un solo verso. Sospechaba que el problema recaía en la ausencia de musa. No había motivo alguno que le trajera a la mente la inspiración y le hiciera escribir. Aun en raudos momentos en los que debía escribir sin ganas, incluso en las ocasiones que la faltó el pan y el sueño, plasmó sobre el papel una hilera de versos que provocaban en el lector u oyente el más tremendo de los escalofríos. 

Shakespeare echaba de menos poder imaginar mil y una batallas, provocar un motín en un convento o hacer llorar a todo un teatro. Confesaba que solía hacer el amor con las palabras, jugaba con ellas de madrugada hasta el amanecer. Todo era posible cuando sus musas rondaban su mente. Musas físicas o mentales; no importaba. Tras las sequía de ser abandonado, encontró en una dulce doncella, una inspiración que dejó como legado la mejor de las tragedias románticas que jamas se han escrito: "Romeo y Julieta". 

Yo no aspiro a ser una Shakespeare o una Rosalía de Castro.  Sin embargo, se va la vida con las palabras, con la literatura; con el escribir que no es más que soñar despierto. Y cómo me gustaría poder dedicar mi vida a ello, a dejar constancia de mis sentimiento sobre el papel.

 Hacía mucho tiempo que escribir me suponía un problema. Desde hace varios días, mi pluma entintada fluye tan rápido como mis dedos sobre el teclado de mi ordenador dejando constancia de que mis musas han vuelto. Nada me inspira de forma distinta pero por fin se ha serenado mi corazón para dejar paso a la mente. 

Qué relajación sentirme de nuevo con ellas...

"Hoy las musas ha pasado de mi...andaran de vacaciones..." (Serrat)





domingo, 11 de agosto de 2013

Caminante, no hay camino...

Cuando los primeros rayos de luz rozan tu cara, sabes que la hora de continuar ha llegado. Estiras los brazos muy lentamente para que la sangre vuelva a fluir en ti. Muy poco a poco abres los ojos mientras que te recibe un destello que te hace experimentar la ceguera. Observas tu alrededor intentando ubicarte, recordar donde paraste. Te incorporas muy lentamente como si no quisieras dejar la comodidad de estar parado. En el río más cercano sumarjes las manos y te enjuagas la cara. La frialdad recor
re todo tu cuerpo y te hace volver a la realidad.  Atrás quedó la noche y con ella, los sueños.

Tomas la mochila cargada de trastos. Cada día que pasa la carga es un poco más pesada. Sera a consecuencia de que conforme se avanza las debilidades aumentan, los problemas crecen, los sentimientos se hacen de piedra y los recuerdos se vuelven en tu contra. A tu pesar, comienzas de nuevo el camino. Vas pensando en que no deberías de haberte quedado hasta la madrugada observando las estrellas, imaginando y recreando en tu mente miles de sueños. Sabías que pasaría factura y te levantarías cansado pero no importó. Quisiste creer que de sueños y pasión también se vive. Te prometes que al llegar a la siguiente etapa del recorrido descansarás más y repondrás fuerzas. En el fondo sospechas que al llegar te podrá más la ilusión que el sueño. Prefieres no meditarlo.

Te encuentras con una gran pendiente que culmina en un gran pico. Para cruzar al otro lado, tendrás que subirla. No existe camino alternativo. Será difícil, lo sabes. Tus ánimos no te acompañan. Tomas aire y piensas en que al subir todo habrá cambiado. En tu mente, un aliento. Y con la pesada carga vas subiendo a paso lento y firme. La cuesta cada vez es más pronunciada y notas la soledad del camino. Ahora tienes tiempo de pensar. De momento te entra fatiga, de tanto hablar contigo mismo. Paras y te sientas. No quieres seguir, has perdido las fuerzas. Te tumbas y dejas pasar el tiempo.

Al cabo de unos minutos, echas la vista atrás y ves cuanto camino pedregoso ha pasado por tener otras cosas en mente. Lo has hecho tú. Con tu esfuerzo. Hay algo que te hace seguir y emprendes de nuevo camino. La mirada baja marca el cambio quizás porque necesitas cambiar las ideas, por el contrario andarás pensando en la siguiente ruta, o tendrás por bandera una de tus ideas. ¿Porqué sigues el camino? Y te cuentas a ti mismo, por amor. No cualquier amor, sino el que yo siento. 

Al alzar la vista lo sientes. El olor a hierba fresca, la tranquilidad. La luz cegadora que te hace ver el cielo aun más azul. Los pulmones se te llenan de aire y por fin respiras. El sabor de la victoria es dulce y sientes sobre tu piel el éxtasis; nada del cansancio. Que vistas más maravillosas tienes desde aquí. Te sientas y comienzas a soñar. 

En este día en el camino de tu vida, las cosas han sido duras. Pero todo merece la pena. 


"Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar"

Una locura a la que no estoy acostumbrada....

Hay cosas en esta vida que solo se hacen una vez. Esas cosas que a priori parecen imposibles pero que por desidio divino se acaban haciendo. Algo en lo que te vez envuelto por un impulso y que cuando te das cuenta te parece una tontería. Hay cosas en esta vida que solo se hacen por amor. 

No se si fue el amor la causa de dicha locura ; sin embargo, cuando menos me lo esperaba vinieron en mi búsqueda. Era tarde, la madrugada ya había avanzado. Las calles eran posesión de la soledad que se paseaba a su antojo. La oscuridad era un signo de la tristeza. En todo, un faro de un coche brillaba como la luz de la esperanza en necesidad de aquello que nos da la vida. Un beso.  A mi me era más necesario que el propio oxigeno después de un largo día aun cuando yo no podía acudir a sus brazos. Todavía tengo en mi el amargo sabor del dolor. 

Aunque la locura haya parecido que no ha servido "para nada" y las cosas hayan cambiado por mi culpa, la realidad es bien distinta. No sabia que alguien haría tal cosa por mi, no imaginaba que yo fuera importante para no plantarse el salir además estas cosas son nuevas para mi. Solo espero que no decaiga por ser una niña tan inexperta. Pues no se pierde la autenticidad por caer ni la frescura por ser novata. 

Fuera como fuese, las locuras que se hacen son siempre por algún motivo. Y yo doy las gracias a aquel que pensó en mi y me buscó. Fue un soplo de aire fresco, de aire del mar, cuando me veía insignificante. Que este episodio tenga su lado bueno y no por el contrario termine en tristeza. 

Si quieres una locura, te regalaré la mía.


Qué descansen.

viernes, 9 de agosto de 2013

Caer en la tentación

La  tentación es un pecado que continuamente llama a nuestra puerta. Siempre existe el deseo de caer o no en ella. La tentación se nos presenta en las cosas más pequeñas que puedas imaginarte; a veces son imprescriptibles, simples detalles. Un mínimo gesto puede significar la linea entre lo permitido y lo prohibido; lo que se nos hace dulce y lo que nos amarga. Pero siempre hay tentaciones y el ser humano está destinado a caer en ellas. Sea de forma consciente o no. 

Incluso, de alguna manera, tendemos a evitarlo. Intentamos que el viento sople a favor de lo que creemos y no de lo que deseamos. Yo me pregunto...¿cómo se evita la tentación?....¿siendo fuerte?¿no pensando en la tentación?¿poniéndole barreras?...Sea cual fuese la respuesta no me la creería. No veo capaz al ser humano de dejar sus deseos a un lado. Pero, ante todo, no sabemos lo bonito que en ocasiones resulta dejarse llevar. Actuar. No pensar. Ser consciente de lo que está pasando pero aparcar los motivos y las consecuencias. Hay quien diría que es dejar hablar por un instante al corazón. Y que bien sienta eso. 

Como no caer en la tentación si nos atrae lo prohibido. A nadie se le ocurriría colocar un vaso de ginebra en frente de un persona alcohólica. Pues ante el mundo se hará fuerte, pero al quedarse solo se lo pensará un minuto, se sentirá mal y luego beberá. No quiero parecer que no guste en caer, pues me pasaría lo mismo si colocan un delicioso bizcocho de chocolate. Aun sí estoy a dieta, lo tomaré en mis manos y disfrutaré del dulce sabor en mi boca. El cariño no iba a ser menos.

Por lo tanto, el ser humano está hecho para caer en la tentación, en lo prohibido. Y cuan feliz se queda uno al probarlo. Solo existe un problema...siempre se quiere más. 



viernes, 5 de julio de 2013

Querida yo

Querida yo;


No me había decidido a escribirte hasta hoy a pesar de que llevaba mucho tiempo deseando hacerlo. Hoy comienza una nueva etapa en tu vida. Te preguntaras que ha cambiado en las pocas horas de sueño de las que has disfrutado. Qué habrá pasado para que algo sea distinto. He de confesarte que nada. Todo sigue igual, pero hoy comienzas de nuevo. Y todo porque quiero sacarte una sonrisa.

Llevas mucho tiempo repugiada en tu propia mente, dando cuentas de todos los problemas. Llevas un tiempo que no te sientes tú misma, que notas que las cosas han cambiado y no te gusta. Te estás preguntando que fue de la María que tanto te gustaba.  Donde está esa niña tonta, pija y despreocupada de su imagen, el nerviosismo hecho carne, la sonrisa en su belleza. Donde están las tonterías, los agobios, las cosas de niña pequeña. Donde se han escondido la responsabilidad y los estudios, la inteligencia y el esfuerzo. Donde se ha metido tu vida. Te estás preguntando porque no te sientes tú, porque notas que lo has perdido todo, que ha fallado en tu vida. No paras de decir que ya no encuentras ni las palabras exactas en cada momento.

Nada te relaja. Ni un buen libro ni siquiera la capacidad de soñar. Tus planes de vida han cambiado y las cosas te dan mucho miedo. Te sientes rota y engañada. La decepción es contigo misma y buscas cambiar de aires. Todo duele, lo sabes. Notas que no eres importante para ti misma ni que decir de los demás. Esa alegría que derrochabas es efímera y estás continuamente agobiada. Te mueres de ganas por volver a ser tú.

Sin embargo, te confieso que me has sorprendido. Te has vuelto fuerte, María. Una vez más has sido capaz de encajar las cosas y seguir aunque te estás muriendo de pena y dolor por dentro. Que no lo noten. Necesitas un cambio de aires, desconectar, cambiar pero sabes que no puedes hacerlo. Sabes que tienes que cambiar y ya habrá tiempo de hacerlo. Te volverás a enamorar y vendrá alguien que sepa quererte. No desistas en el amor, como eres gustas solo es que no has tenido suerte. A Él vas a quererlo toda la vida, solo hay que aprender a vivir con ello. No lo dejes marchar porque seguramente el también quiera tenerte y seas especial, que le faltes cuando no estés. Lo dicho, no desistas.

Siempre has conseguido aquello que te has propuesto. Has tenido grandes éxitos de los que solo tú sabes disfrutar del sabor de la victoria. ¿Qué recuerdas si te digo “Graduación”? Sí, aquel momento en el teatro cuando tras las horas de estudio interminables el jefe de estudios anunció tu nombre. Cuando fuiste a ver las notas de inglés nada más terminar el curso el pasado año. La sensación al ver a tu padre más que orgulloso. No eres inteligente, nunca lo has sido pero has sabido ordenarte a ti misma y sacar provecho de tus puntos más fuertes. Eso es lo que te hace grande. Tienes una mete en tu mente, todos la conocemos y yo que soy tú se que vas a ser capaz de ello. En unos años nada será lo mismo.

En cuanto a que eres diferente es lógico. La gente cambia. Has llevado situaciones y has conocido a personas que te han hecho ver las cosas de manera distinta. Pero no eres diferente. Eres mayor. Eres más madura y piensas más las cosas por lo que te das más pie a pensar en lo que no debes. Tu mente y tú sois iguales. Eres igual y distinta pero como eres está bien.


Así que te hago esta carta para calmarte, para quitarte todos los problemas, para que te des cuenta que las cosas no siempre han salido bien y mira donde has llegado. Esta carta debe de servirte para seguir siendo aquello que más te gusta; ser María. Tienes nuevos retos y eres muy grande. ¡Vamos arriba, pequeña!

lunes, 17 de junio de 2013

Nada de "Tiempo al tiempo"

Todo el mundo dice "tiempo al tiempo" y con eso esperan que creamos que sera el tiempo quien se encargue de modificar los asuntos que nos traemos entre manos. "Tiempo al tiempo" y con eso todo mejorará. Pero a veces no es cuestión de tiempo sino de ganas. El tiempo pasa y nosotros nos quedamos inmóviles ante Él. El tiempo no piensa ni actúa solo pasa. Y nuestra vida pasa con él.El tiempo cura nuestras heridas, el tiempo nos pone en nuestro sitio, el tiempo nos da las cosas y nos lo quita. El tiempo nos ayudar a cambiar, el tiempo nos hace madurar, el tiempo tan solo nos acompaña porque no es el tiempo sino nosotros mismos quienes tomamos las decisiones. 

El tiempo no es ninguna medicina que haga desaparecer el dolor, es la costumbre quien nos da los cuidados paliativos. El tiempo no es lo que te quita la presión del pecho sino un buen abrazo. No es el tiempo quien te hace dormir sino el cansancio del cuerpo que puede. El tiempo no te hace soñar sino te quita los sueños bien para robártelos bien para cumplirlos. El tiempo no cura las heridas, quienes te rodean sí. El tiempo no te hace dejar de llorar. En realidad eso, no lo hace nadie. Siempre seguimos llorando. 

Por si no se sabía el ser humano tarda diez minutos en quedarse dormido y ahí empiezan los sueños. Un orgasmo para el hombre dura seis segundos; para la mujer treinta y se le considera como el momento de mayor relajación del día. Una persona tarde tres años en comenzar a hablar y tardamos uno en comenzar a andar. La media de duración de los estudios es de 20 años, una quinta parte de la vida. Tardamos media hora en comer y diez minutos en ducharnos. Una puesta de sol consume el tiempo de quince minutos Un beso corto dura menos de un segundo mientras que aquel que suele gustarnos una media de cuarenta segundos. Tardamos menos de tres horas en enamorarnos y en el fondo nunca olvidamos. El tiempo como podemos ver tampoco cuenta para tanto porque ninguna de estas cosas solemos pensarlas. 

Así que,  lo del tiempo al tiempo a mi no me vale. No me vale porque si hay que vivir el presente, el presente duele demasiado. Y el tiempo no siempre ha sido mi aliado. 

"Que el tiempo es efímero como que estamos aquí"
María

domingo, 16 de junio de 2013

La historia de la vida.

Naces, vives y mueres. Te levantas, pasa el día y te duermes. Todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Es como un gran relato en el cual las cosas se plantean, la trama pasa y para bien o para mal termina. A veces, no nos damos cuenta de que el tiempo pasa y que el cambio de escena se acerca. En otras ocasiones, te sientas tan solo a esperar. Los principios suelen ser bonitos; sonrisas y bellos momentos que recordar como si de la infancia se tratase. Suelen atraer al lector, suelen vivirse con intensidad. Sin embargo, a veces son duros y difíciles como un camino pedregoso que cruzar. Perdemos las ganas y ni siquiera importa lo que venga, solo queremos el final. 

Pero, ay, ¡cuán inesperado es el divino arte de las palabras!...La trama suele ser la más larga, la que más sorpresas suele dejar. Nos intriga, no advierte. Nos hace que vivamos las cosas con intensidad. Aquí los detalles importan y hasta el último movimiento es analizado. Es como si te recostaras en la hierba y la comodidad te embriagara. Una atmósfera te envuelve para hacerte aprender de lo que pasa, para dejarte las lineas escritas a fuego, para que tu mismo no sepas que va a pasar. La historia, si la historia, se vive con amor y aunque la luz se apague y la oscuridad venga siempre sabemos que habrá que esperar al final. 

Y cuando el final llega el dolor te sacude y no hay marcha atrás. El dolor se apodera de tu vida y no deja que la historia se acabe. Ningún final es feliz, porque los finales no lo son por naturaleza. Todos los finales duelen. La historia de un buen libro, la trama de una serie, el final de una etapa,...todo esta impregnado de la nostalgia y del dolor. El miedo a que las cosas cambien y el temor de perder lo que se tiene. Te duele cerrar el libro, apagar la tele, comenzar de nuevo. Te duele saber que lo que la trama te había regalado, el final sin consulta previa te lo ha arrebatado. Y tu guardas el dolor, las lagrimas, los recuerdos y tu vida en un pequeña caja para que cuando menos te lo esperes el dolor desaparezca y el comienzo vuelva a llegar. Nazcas, salga el sol y de comienzo de nuevo la gran representación de tu vida. 

Aun así, yo no estoy dispuesta a cerrar el libro. Acabo de escribir un largo capítulo que al lector le va a hacer llorar tanto como ha llorado la autora escribiéndolo. Y ahora toca intentar seguir escribiendo con buena y firma letra como el camino de males acabó y te devolví la sonrisa. 


Sin más, sigan escribiendo. 
María