Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

domingo, 3 de noviembre de 2013

Tocamos el límite.

Resulta agotador estar continuamente dándole vueltas a la cabeza. Me cansa el pensar, el creer, el recordar. No me sienta demasido bien. Las cosas resultan dificiles de llevar y ocultar cuanto tengo se me está complicando. No hablo de mis secretos; no son esos los que quiero sacar a la luz. Lo que me incomoda es guardar para mi aquello que me duele, literalmente. 


Pasar las horas muertas en un hospital sin que nadie lo sepa. Aguantar un pinchazo tras otro. Una prueba que te hace daño, otra que te da miedo y una más que supere las anteriores. Una mala noticia que se complica, una medicación que no existe y un dolor que es persistente. Estoy tan acostumbrada que ya ni mi sangre me marea, ni me asusto ni me asquea. Tener que escuchar como pretenden decidir algo que no tiene solución. 

Quizás esté muy acotumbrada a esto. Después de tanto tiempo ni lo cuento ni lo comento. Es parte de mi rutina. Pero en el fondo me asusta, me da miedo y necesito la voz reconfortante de alguien que diga "todo irá bien". Es demasido finjir una normalidad, que no duele, que todo va bien. Sonreir y callar es fácil hasta que te tienes que retocer. 


Pero hoy, ya en casa, tengo que decir "basta". Ha sido demoledor escuchar que hemos llegado al límite. Desolador ver la cara de mi padre y debastador decidir que no hablaremos del tema con nadie. El problema es que la tiene que parar y sobrepasar el límite soy yo. Sin embargo, cuánto más lo pienso más me duele.  Supongo que o me pongo las pilas o tendré que sucumbir a lo que me proponen. Y el hecho de dejar que la parca venga a por mi de forma prematura no me convence. 

Voy a llorar a solas un poco. Me es necesario desahogarme sin hablar y un abrazo que me consuele. Hasta este límite hemos llegado. 


martes, 29 de octubre de 2013

Frío.

No había terminado de despuntar la tarde cuando tomó de nuevo la gran taza de café que había preparado. Se había olvidado de ella y pudo comprobarlo cuando el helado líquido rozó sus labios. Era evidente que nada iba a salir bien aquel día. No es que las cosas fueran mal, la que no iba bien era Ella. Desde temprano el frío había marcado la jornada y su corazón se sentía tan gélido como aquel olvidado café. 

No fue el sonido del móvil ni tampoco la llamada matutina de su madre la que la había despertado aquella mañana. El escalofrío que erizó su piel desamparada de las sábanas y desnuda a pesar del pijama fue como el cantar del gallo al nacer el día. Frío, todo era frío. Al despojarse de sus ropas, sintío el frío del agua recorriendo su cuerpo hasta que el agua caliente la sustityó. Pensaba que sería el momento de entrar en calor. Se equivocó y aun reliada en la toalla, sus temblores eran evidentes. El pantalón y la camisa parecian hielo. No hacia más que recordar el calor que desprendía su cama y cuan agusto estaría de nuevo en ella. Pero hasta la cama había perdido su esencia cuando se había levantado. 

Tomó entre sus manos la humeante taza mientras hacia tiempo hasta irse a clase. Un tiempo que no demoró su llegada y en menos de un instante ya emprendía camino a su habitual rutina. Qué fría era la mañana desde la ventana, que frío era el viento cuando le acarició la mejilla. También fue frío el saludo que le dedicó a su amiga-a penas una leve sonrisa y el murmullo que prentendía parecerse a un "Buenos días"-. Frío fue el camino, fria la clase y fría hasta el agua que hubiera de calmar su sed. 

En esas horas libres, que le parecía una perdida de tiempo, no hubo tiempo de distracción o de una charla que le sacara una leve sonrisa. El día tenía un patrón y no iba a salirse. Una traducción y mucho estudio hicieron de aquellas horas muertas en compañía una fría situación. Vuelta a la clases y de nuevo la cabeza perdida.  Se estaba preparando el almuerzo en silencio, con una serie de fondo que le hiciera sentirse acompañada.En silencio fue la comida y también el estuido que ocupó toda su tarde fría; como eran las primeras tarde del verdadero otoño. 

Por más que quería concentrarse, no era capaz de pernsar en nada. Solo se dejaba llevar. Cumplió a rajatabla con sus obligaciones. Y entonces...y entonces levantó la mirada. Y su mirada, como su expresión, era tan fría que parecía una medusa que convertiría en hielo a quien la mirara. Y ahí estaba, fría y apenada. Fría y desconsolada. Fría y dolorida. Fría y desangelada. Fría y sola. Ahí estaba, en su escritorio frente a su ordenador, con la piel fría y el rostro frío. Allí se encontraba escribiendo en una fría tarde de otoño junto a un ya frío y helado café. 



martes, 24 de septiembre de 2013

Implicitamente

Hay veces que las palabras llevan implícitos muchas más intenciones que la simple superficialidad de su significado. Cuando queremos expresarnos usamos términos que se ajusten a la medida de nuestra comunicación. Es necesario saber que se quiere decir. En otras palabras, leer entre lineas. Intentar decir todo lo que se quiere sin decirlo. 

La justificación de porque el ser humano tiende a este tipo de situaciones se debe a que en algunos momentos decir cierto tipo de ideas o expresarse tal cual lleva consigo la afirmación o comprobación de una serie de ideas. A veces, decir las cosas en voz alta, tal y como son, hace que te des cuenta de la realidad. Dejas de estar en una utopía y vuelves a poner los pies en la tierra.

¿Qué esconde un "te echo de menos" para que sea tan difícil decirlo? Un "te echo de menos" no solo muestra el hecho de la ausencia, sino el deseo de volver a tener aquello que anhelamos. Puede traer consigo la relación de que echamos en falta algo o a alguien; alguien que teníamos cerca y ya no, alguien cuya presencia queremos, con quien hemos compartido momentos y queremos seguir haciéndolo, alguien con quien tenemos secretos, cuya existencia nos aporta algo. Ese " te echo de menos" es porque perdemos cosas: la sonrisa, las ganas, la ilusión, la felicidad. A veces, hasta el sentirte bien contigo mismo. Nos puede dar, incluso, miedo. Miedo de tener que reconocer cosas que ni ante un espejo sería posible. 

Yendo un poco más lejos quien sabe si se podría realizar una secuencia de ideas, que no vienen al caso, que tengan como conclusión sentimientos. Porque un "te echo de menos" puede esconder tantas cosas que la mente no quiere saber y el corazón no quiere escuchar. Así, negarlo o callarlo no quiere decir nada. Nosotros mismos ya nos hemos dado cuenta de que un "te echo de menos" se puede sentir y solventar con un abrazo, un beso, una caricia o haciendo realidad ese "te tengo ganas". 

Y como decía la canción : " no es sencillo echar de menos"


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Todo por...

¿En qué piensas cuando te acaricio la espalda?¿Qué pasa por tu mente cuando cierras los ojos sobre mi pecho? ¿qué me puedes decir cuando tus ojos fijan en los míos la mirada? ¿Puedes decirme, corazón, qué te dice la mente cuando busco acurrucarme en ti? ¿Qué dirás de los recuerdos?¿En que piensas si hablamos de una  noche en vela? 



Todo por un cariño. Todo por seguir con las ganas de vivir.  

lunes, 12 de agosto de 2013

Hoy las musas han pasado de mi...

El más conocido de los escritores y dramaturgos que tiene la humanidad cuenta que una vez perdió su don. No era capaz de componer ni un solo verso. Sospechaba que el problema recaía en la ausencia de musa. No había motivo alguno que le trajera a la mente la inspiración y le hiciera escribir. Aun en raudos momentos en los que debía escribir sin ganas, incluso en las ocasiones que la faltó el pan y el sueño, plasmó sobre el papel una hilera de versos que provocaban en el lector u oyente el más tremendo de los escalofríos. 

Shakespeare echaba de menos poder imaginar mil y una batallas, provocar un motín en un convento o hacer llorar a todo un teatro. Confesaba que solía hacer el amor con las palabras, jugaba con ellas de madrugada hasta el amanecer. Todo era posible cuando sus musas rondaban su mente. Musas físicas o mentales; no importaba. Tras las sequía de ser abandonado, encontró en una dulce doncella, una inspiración que dejó como legado la mejor de las tragedias románticas que jamas se han escrito: "Romeo y Julieta". 

Yo no aspiro a ser una Shakespeare o una Rosalía de Castro.  Sin embargo, se va la vida con las palabras, con la literatura; con el escribir que no es más que soñar despierto. Y cómo me gustaría poder dedicar mi vida a ello, a dejar constancia de mis sentimiento sobre el papel.

 Hacía mucho tiempo que escribir me suponía un problema. Desde hace varios días, mi pluma entintada fluye tan rápido como mis dedos sobre el teclado de mi ordenador dejando constancia de que mis musas han vuelto. Nada me inspira de forma distinta pero por fin se ha serenado mi corazón para dejar paso a la mente. 

Qué relajación sentirme de nuevo con ellas...

"Hoy las musas ha pasado de mi...andaran de vacaciones..." (Serrat)





domingo, 11 de agosto de 2013

Caminante, no hay camino...

Cuando los primeros rayos de luz rozan tu cara, sabes que la hora de continuar ha llegado. Estiras los brazos muy lentamente para que la sangre vuelva a fluir en ti. Muy poco a poco abres los ojos mientras que te recibe un destello que te hace experimentar la ceguera. Observas tu alrededor intentando ubicarte, recordar donde paraste. Te incorporas muy lentamente como si no quisieras dejar la comodidad de estar parado. En el río más cercano sumarjes las manos y te enjuagas la cara. La frialdad recor
re todo tu cuerpo y te hace volver a la realidad.  Atrás quedó la noche y con ella, los sueños.

Tomas la mochila cargada de trastos. Cada día que pasa la carga es un poco más pesada. Sera a consecuencia de que conforme se avanza las debilidades aumentan, los problemas crecen, los sentimientos se hacen de piedra y los recuerdos se vuelven en tu contra. A tu pesar, comienzas de nuevo el camino. Vas pensando en que no deberías de haberte quedado hasta la madrugada observando las estrellas, imaginando y recreando en tu mente miles de sueños. Sabías que pasaría factura y te levantarías cansado pero no importó. Quisiste creer que de sueños y pasión también se vive. Te prometes que al llegar a la siguiente etapa del recorrido descansarás más y repondrás fuerzas. En el fondo sospechas que al llegar te podrá más la ilusión que el sueño. Prefieres no meditarlo.

Te encuentras con una gran pendiente que culmina en un gran pico. Para cruzar al otro lado, tendrás que subirla. No existe camino alternativo. Será difícil, lo sabes. Tus ánimos no te acompañan. Tomas aire y piensas en que al subir todo habrá cambiado. En tu mente, un aliento. Y con la pesada carga vas subiendo a paso lento y firme. La cuesta cada vez es más pronunciada y notas la soledad del camino. Ahora tienes tiempo de pensar. De momento te entra fatiga, de tanto hablar contigo mismo. Paras y te sientas. No quieres seguir, has perdido las fuerzas. Te tumbas y dejas pasar el tiempo.

Al cabo de unos minutos, echas la vista atrás y ves cuanto camino pedregoso ha pasado por tener otras cosas en mente. Lo has hecho tú. Con tu esfuerzo. Hay algo que te hace seguir y emprendes de nuevo camino. La mirada baja marca el cambio quizás porque necesitas cambiar las ideas, por el contrario andarás pensando en la siguiente ruta, o tendrás por bandera una de tus ideas. ¿Porqué sigues el camino? Y te cuentas a ti mismo, por amor. No cualquier amor, sino el que yo siento. 

Al alzar la vista lo sientes. El olor a hierba fresca, la tranquilidad. La luz cegadora que te hace ver el cielo aun más azul. Los pulmones se te llenan de aire y por fin respiras. El sabor de la victoria es dulce y sientes sobre tu piel el éxtasis; nada del cansancio. Que vistas más maravillosas tienes desde aquí. Te sientas y comienzas a soñar. 

En este día en el camino de tu vida, las cosas han sido duras. Pero todo merece la pena. 


"Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar"

Una locura a la que no estoy acostumbrada....

Hay cosas en esta vida que solo se hacen una vez. Esas cosas que a priori parecen imposibles pero que por desidio divino se acaban haciendo. Algo en lo que te vez envuelto por un impulso y que cuando te das cuenta te parece una tontería. Hay cosas en esta vida que solo se hacen por amor. 

No se si fue el amor la causa de dicha locura ; sin embargo, cuando menos me lo esperaba vinieron en mi búsqueda. Era tarde, la madrugada ya había avanzado. Las calles eran posesión de la soledad que se paseaba a su antojo. La oscuridad era un signo de la tristeza. En todo, un faro de un coche brillaba como la luz de la esperanza en necesidad de aquello que nos da la vida. Un beso.  A mi me era más necesario que el propio oxigeno después de un largo día aun cuando yo no podía acudir a sus brazos. Todavía tengo en mi el amargo sabor del dolor. 

Aunque la locura haya parecido que no ha servido "para nada" y las cosas hayan cambiado por mi culpa, la realidad es bien distinta. No sabia que alguien haría tal cosa por mi, no imaginaba que yo fuera importante para no plantarse el salir además estas cosas son nuevas para mi. Solo espero que no decaiga por ser una niña tan inexperta. Pues no se pierde la autenticidad por caer ni la frescura por ser novata. 

Fuera como fuese, las locuras que se hacen son siempre por algún motivo. Y yo doy las gracias a aquel que pensó en mi y me buscó. Fue un soplo de aire fresco, de aire del mar, cuando me veía insignificante. Que este episodio tenga su lado bueno y no por el contrario termine en tristeza. 

Si quieres una locura, te regalaré la mía.


Qué descansen.