Hay días en los que te levantas y sin saber cómo ni porqué no tienes buenas sensaciones. Te levantas sabiendo que vas a tener un mal día y, efectivamente, ocurre así. Hay días que no son tu día y no hay nada más que decir. Y en esos días buscas refugio, como de la lluvia, en cualquier lugar. Te escondes tras el primer árbol o corres bajo la primera mesa. Hay días que se vuelven contra ti porque las cosas salgan mal o por tú no te sientes bien. Fuera como fuese, esos días mejor pasarlos en cama.
Pero me han dicho hoy, que incluso en ese cielo gris puede haber un arco iris. Detrás de esa oscuridad, puede estar el sol. Y he puesto mi mente a trabajar. He buscado mil momentos que evocaran a mi felicidad. He buscado un día, una festividad, una efemérides. He buscado grandes periodos de tiempo, con grandes exorno. He buscado lo que creí la felicidad. He buscado tanto que al final hasta me he perdido. He querido buscar algo grandioso y no pude encontrarlo. Desistí. Lo deje y no busqué más. Un día gris, sin luz. Con sombras.
Y sin saber cuándo o dónde, cómo o porqué, me ha venido una sonrisa. Un rayo de esperanza. Una caricia de amor. De momento, tuve en mi mente una sonrisa. La suya tras un beso. Se pasó en mi mente una mirada. La suya en aquel cortejo. Sin pensarlo, llegó un abrazo. El suyo tras aquel enfado.
Un día gris, nervioso, pesado. Un día de agobios, amargamientos, de enfados. De querer explotar, de haber llorado. De por poco perderle todo y con amor haberlo recuperado. Un día de los raros. De estudios y clases, de risas y llantos. Pero un día de mi vida, al fin y al cabo. Un día qua gracias a ti, a tu amor, al estar enamorado has hecho que valga la pena pasarlo.
Ahora desde aquí digo y afirmo. Que nadie te toque, que nadie te haga daño. Que nadie se atreva. Que entonces saldré yo.
Te quiero.
María
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