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lunes, 17 de diciembre de 2012

Un amor puro y verdadero

Hoy no me pongo delante del papel con buenas vibraciones. Al revés, me invade cierto aire de negativismo y tristeza que pueden que influencien mis palabras. Algo me come por dentro, me hace que la cabeza me duela, que medite las cosas que no deba. ¿Qué puede doler tanto? El amor sin duda. El amor. Un sentimiento que ha sido cantado por miles de poetas, plasmados en millones de canciones, cientos de veces filmado por una cámara. El amor que se demuestra en las grandes de tragedias de Shakespeare, dejando sobre el escenario la esencia del más puro de los sentimientos. El amor que no conoce barreras ni fronteras, que junto a la muerte es algo universal para cada persona. Todos los hombres del planeta, ser humanos que en él habitan han experimentado, experimentan o experimentaran este bello escalofrío. El amor duro y tierno. Lo físico y lo mental. El amor, eso que mueve tantas veces a las personas a hacer las cosas.

Y yo que me considero un sentimental y una tonta romántica, vivo el amor de algo único y que transfiere a todas las ramas de mi vida. Sin embargo hoy me han llegado a mis oídos palabras que se han clavado como puñales en mi alma. Tanto por lo que se me decía como quien me las estaba diciendo. Me enamoro no con facilidad ni se me conquista rápido. Tengo una idea muy tradicional y no suelo lanzarme al precipicio. Pero tengo un carácter afable y sonriente, un modo de tratar a las personas que según me cuentan mis amigos hacen de mi una debilidad. No me creo en tal grato estamento. Simplemente, llego al corazón a toda prisa. A pesar de todo, cuando me enamoro lo hago de verdad. Y me he enamorado muy pocas veces. Me enamoro de una persona en un momento y por un motivo, y ese sentimiento es tan puro que casi nunca se consume. Se consume cuando la otra persona se acerca a mi y me sigue enamorando. No juego con el corazón de nadie, pues cuando más enamorada me creía jugaron con el mío causandome un daño incalculable deseandome a mi misma hasta la muerte. Y tú mejor que nadie lo sabes. Con ese sufrimiento a mi espalda que aun hoy duele, ¿cómo voy a ser capaz de ni siquiera intentar hacerselo sentir a otra persona?

Y lo que está ocurriendo ahora...Dios, no lo puedo ni explicar. Lo quería y lo sabes. Lo quería y se me ha ido detrás de Él parte de mi vida. Tiene en su cuerpo mis labios marcados y guarda en su memoria suspiros de limpio encanto. Sabes que lo quería y que por ese amor he consentido cosas que me han degradado como persona. He vivido momentos de duro trago, largas noches sin dormir. He dejado que se me pisoteara y he dejado acrecentar el orgullo y la virilidad del que era mi compañero. No te niego que lo momentos que me ha regalado también son únicos pero no compensan mi dolor. Siempre que iba a dar eso por perdido y no la hacía me lo recriminabas. Cuando por fin tome el valor de cambiar de aires, de buscar la felicidad en otro lado, crees que juego con los hombres. ¿Qué clase de mujer crees que soy? ¿Qué clase de mujer crees que has criado?

Lo que ocurre, y debes de saberlo, es que el amor no entiende a razones. Lo que ocurre es que puedes tener el amor en lo brazos más cercanos. Y en ti está dejar que surja o no. Y ahora, lo quiero. Es amor pequeño e incipiente, que tiene crecer, que se tiene que asentar. Es un amor tranquilo, deseoso, que ha sobrevivido a cosas como está. Un amor sin problemas, en la que yo soy importante como él lo es para mi. Un amor donde prima el otro, no el yo mismo. Un amor extraño, inesperado, sorprendente, e incluso, diferente. Pero sobre todo, creeme, verdadero. No sabes el tiempo que Él llevaba queriendome, ni porque acabe con mi relación, ni si yo ya lo quería. No sabes si yo intente evitarlo, si intente resistirme. Que, efectivamente, lo hice. Pero fue un impulso de la que está en los cielos lo que me hizo responder a sus “te quieros”. No te has parado a pensar en como está el otro o el daño que a mi me ha podido hacer. No has pensado en nada.

En definitiva, he estado enamorada de otros. Pero hoy estoy enamorada de Él y mis sentimientos son de verdad. No se donde vamos a llegar, ni el tiempo que nos resta juntos ni el porvenir que el Señor nos tenga marcado pero a día de hoy la felicidad me la regala y son hoy otros besos, otras caricias, otras fotos, otras conversaciones las que priman en mi vida. Se que Él te gusta, pero no dudes de mi o seguiré dudando de mi misma. Reflexión hecha.

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