Hoy no me pongo delante
del papel con buenas vibraciones. Al revés, me invade cierto aire de
negativismo y tristeza que pueden que influencien mis palabras. Algo
me come por dentro, me hace que la cabeza me duela, que medite las
cosas que no deba. ¿Qué puede doler tanto? El amor sin duda. El
amor. Un sentimiento que ha sido cantado por miles de poetas,
plasmados en millones de canciones, cientos de veces filmado por una
cámara. El amor que se demuestra en las grandes de tragedias de
Shakespeare, dejando sobre el escenario la esencia del más puro de
los sentimientos. El amor que no conoce barreras ni fronteras, que
junto a la muerte es algo universal para cada persona. Todos los
hombres del planeta, ser humanos que en él habitan han
experimentado, experimentan o experimentaran este bello escalofrío.
El amor duro y tierno. Lo físico y lo mental. El amor, eso que mueve
tantas veces a las personas a hacer las cosas.
Y yo que me considero un
sentimental y una tonta romántica, vivo el amor de algo único y que
transfiere a todas las ramas de mi vida. Sin embargo hoy me han
llegado a mis oídos palabras que se han clavado como puñales en mi
alma. Tanto por lo que se me decía como quien me las estaba
diciendo. Me enamoro no con facilidad ni se me conquista rápido.
Tengo una idea muy tradicional y no suelo lanzarme al precipicio.
Pero tengo un carácter afable y sonriente, un modo de tratar a las
personas que según me cuentan mis amigos hacen de mi una debilidad.
No me creo en tal grato estamento. Simplemente, llego al corazón a
toda prisa. A pesar de todo, cuando me enamoro lo hago de verdad. Y
me he enamorado muy pocas veces. Me enamoro de una persona en un
momento y por un motivo, y ese sentimiento es tan puro que casi nunca
se consume. Se consume cuando la otra persona se acerca a mi y me
sigue enamorando. No juego con el corazón de nadie, pues cuando más
enamorada me creía jugaron con el mío causandome un daño
incalculable deseandome a mi misma hasta la muerte. Y tú mejor que
nadie lo sabes. Con ese sufrimiento a mi espalda que aun hoy duele,
¿cómo voy a ser capaz de ni siquiera intentar hacerselo sentir a
otra persona?
Y lo que está ocurriendo
ahora...Dios, no lo puedo ni explicar. Lo quería y lo sabes. Lo
quería y se me ha ido detrás de Él parte de mi vida. Tiene en su
cuerpo mis labios marcados y guarda en su memoria suspiros de limpio
encanto. Sabes que lo quería y que por ese amor he consentido cosas
que me han degradado como persona. He vivido momentos de duro trago,
largas noches sin dormir. He dejado que se me pisoteara y he dejado
acrecentar el orgullo y la virilidad del que era mi compañero. No te
niego que lo momentos que me ha regalado también son únicos pero no
compensan mi dolor. Siempre que iba a dar eso por perdido y no la
hacía me lo recriminabas. Cuando por fin tome el valor de cambiar de
aires, de buscar la felicidad en otro lado, crees que juego con los
hombres. ¿Qué clase de mujer crees que soy? ¿Qué clase de mujer
crees que has criado?
Lo que ocurre, y debes de
saberlo, es que el amor no entiende a razones. Lo que ocurre es que
puedes tener el amor en lo brazos más cercanos. Y en ti está dejar
que surja o no. Y ahora, lo quiero. Es amor pequeño e incipiente,
que tiene crecer, que se tiene que asentar. Es un amor tranquilo,
deseoso, que ha sobrevivido a cosas como está. Un amor sin
problemas, en la que yo soy importante como él lo es para mi. Un
amor donde prima el otro, no el yo mismo. Un amor extraño,
inesperado, sorprendente, e incluso, diferente. Pero sobre todo,
creeme, verdadero. No sabes el tiempo que Él llevaba queriendome, ni
porque acabe con mi relación, ni si yo ya lo quería. No sabes si yo
intente evitarlo, si intente resistirme. Que, efectivamente, lo hice.
Pero fue un impulso de la que está en los cielos lo que me hizo
responder a sus “te quieros”. No te has parado a pensar en como
está el otro o el daño que a mi me ha podido hacer. No has pensado
en nada.
En definitiva, he estado
enamorada de otros. Pero hoy estoy enamorada de Él y mis
sentimientos son de verdad. No se donde vamos a llegar, ni el tiempo
que nos resta juntos ni el porvenir que el Señor nos tenga marcado
pero a día de hoy la felicidad me la regala y son hoy otros besos,
otras caricias, otras fotos, otras conversaciones las que priman en
mi vida. Se que Él te gusta, pero no dudes de mi o seguiré dudando
de mi misma. Reflexión hecha.
No hay comentarios:
Publicar un comentario