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Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

martes, 11 de diciembre de 2012

Tengo un sueño.

Siempre he tenido un sueño. Cuando era pequeña y pensaba en que quería ser de mayor, no dudaba al contestar que profesora, evidentemente, de inglés. Sin embargo, conforme han ido pasando los años y mi mente se ha ido amueblando y empapando de ese conocimiento que en el mundo rebosa, he comprendido que no es lo que quiero. Pensé que quería ser traductora, jugar con los idiomas a mi antojo. Pensé que quería ser filóloga clásica y moverme en el mundo de las lenguas muertas. Pensé que quería ser historiadora y ser el vínculo entre el pasado, el presente y el futuro. Pensé que quería ser humanista y dominar cada destreza que las letras me pusieran por delante. Y ahora, después de mucho pensarlo, me he percatado de que tengo un sueño, me he dado cuenta de que quiero ser escritora.

Sí, es ese mi sueño. Bailar con las palabras, jugar con la ideas, inventar mil historias. Me gustaría ser un río de versos, un manantial relatos que contaran un momento en un lugar. Me gustaría hacer pensar a los demás, poner por escrito realidades. Contar los miedos de un niño, los pensamientos de un abuelo. Me gustaría crear un mundo mágico, fantástico, inexistente y que solo se pudiera entrar con las llaves de mi mente. Me gustaría contar tragedias, malos momentos. Me gustaría poner por escrito lo que es el amor, si es que el amor se puede escribir o si solo se puede creer que se está contando. Me gustaría hablar de princesas y caballeros. De buenos y malos. De ficción y realidad. Me gustaría montar un botín en un convento o la mayor de la guerras. Me gustaría poder escribir sobre la ciencia, sobre la juventud, sobre lo que una persona es. Me gustaría crear personajes, personas que pueden hasta que existan. Me gustaría poder escribir un principio, un problema y hasta un final feliz. Me gustaría solo escribir.

Tengo un sueño, un difícil sueño que quiero cumplir. Y seré traductora, humanista o profesora. Seré todo lo que quiera, pero algún día domaré las palabras para que fluyan en el papel y del papel a la mente de quien lo lea, y que esa mente sea escenario de mi sueño.

Tengo un sueño. Ser escritora. Y no dudo en cumplirlo.

María

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