Quisiera poder decirte todo lo que ya
te he dicho. Quisiera poder expresarte todo lo que ya he expresado.
Quisiera poder contarte mis penas y mis halagos, mi logros y
triunfos, mi alegrías y fracasos. Quisiera poder abrirme y a ti
susurrarte lo que por mi mente pasa solo con mirarte. Quisiera poder
hablar, como siempre, elogiarte por ser mi sustento cuando no tengo a
nadie. Quisiera ser lágrimas al emocionarme solo con tenerte cerca,
con ver tu semblante. Quisiera ser parte de ti, de tu alma, de tu
calle, de esa capilla que te resguarda incansable. Quisiera ser
querubín para poder escoltarte, quisiera ser angelito para poder
anunciarte. Quisiera ser para ti una hija más, no destacable pero
que al tenerme cerca el tiempo se pare y poder volver a decir mis
cositas que nadie sabe. Quisiera ser una flor de tu jardín, una niña
enamorada, un encaje de tu cara para poder acariciarte siempre que me
entraran ganas. Quisiera ser tu pies, cargar con tu semblanza y poder
llevarte hasta quien no te pueda ver la cara. Quisiera ser tu
instrumento, de ti, abanderada y llevarte conmigo hasta que mi vida
decaiga. Quisiera ser para ti lo que hiciera falta, con estar a tu
vera ya no importa nada. Quisiera ser para ti, Amparo, mi madre
Guapa, el centro de vida, mi dulce Esperanza.
Gracias, siempre Virgen María, por
dejarme estar cerca de ti, mi por siempre Reina del Amparo. Pero hoy
te doy las gracias por enseñarme a rezar con otro rosario, por el
escalofrío de tenerte sobre mi cuerpo, por sentirme enamorada por un
breve instante de tu bendita Esperanza.
María
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