Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

domingo, 2 de diciembre de 2012

Día gris...

Hay días en los que te levantas y sin saber cómo ni porqué no tienes buenas sensaciones. Te levantas sabiendo que vas a tener un mal día y, efectivamente, ocurre así. Hay días que no son tu día y no hay nada más que decir. Y en esos días buscas refugio, como de la lluvia, en cualquier lugar. Te escondes tras el primer árbol o corres bajo la primera mesa. Hay días que se vuelven contra ti porque las cosas salgan mal o por tú no te sientes bien. Fuera como fuese, esos días mejor pasarlos en cama.

 Pero me han dicho hoy, que incluso en ese cielo gris puede haber un arco iris. Detrás de esa oscuridad, puede estar el sol. Y he puesto mi mente a trabajar. He buscado mil momentos que evocaran a mi felicidad. He buscado un día, una festividad, una efemérides. He buscado grandes periodos de tiempo, con grandes exorno. He buscado lo que creí la felicidad. He buscado tanto que al final hasta me he perdido. He querido buscar algo grandioso y no pude encontrarlo. Desistí. Lo deje y no busqué más. Un día gris, sin luz. Con sombras. 

Y sin saber cuándo o dónde, cómo o porqué, me ha venido una sonrisa. Un rayo de esperanza. Una caricia de amor. De momento, tuve en mi mente una sonrisa. La suya tras un beso. Se pasó en mi mente una mirada. La suya en aquel cortejo. Sin pensarlo, llegó un abrazo. El suyo tras aquel enfado. Un día gris, nervioso, pesado. Un día de agobios, amargamientos, de enfados. De querer explotar, de haber llorado. De por poco perderle todo y con amor haberlo recuperado. Un día de los raros. De estudios y clases, de risas y llantos. Pero un día de mi vida, al fin y al cabo. Un día qua gracias a ti, a tu amor, al estar enamorado has hecho que valga la pena pasarlo.

 Ahora desde aquí digo y afirmo. Que nadie te toque, que nadie te haga daño. Que nadie se atreva. Que entonces saldré yo.

 Te quiero. 
María

viernes, 30 de noviembre de 2012

Recuerdo...

Ayer mientras esperaba en la estación a que el autobús llegase, muerta de frío, pensaba en mis cosas. Ida, como siempre. Sin apenas notarlo, alguien me llamo tocándome el hombre. Me giré y la reconocí inmediatamente. La mujer que me llamaba era mi antigua profesora de primaria. Me dio dos besos y me preguntó que hacía allí. “Vuelvo a casa”, le dije sonriendo. Resultaba que Ella había estado haciendo un curso en Sevilla y también volvía a casa. 

Cuando llegó el autobús nos subimos y comenzamos a hablar. Me preguntó por mi familia, por mi vida de ahora. Tuve que decirle que al terminar la ESO, estudié en los Salesianos y que definitivamente me había decantado por las Humanidades, de las cuales me había enamorado perdidamente. “Ya se te notaba que las matemáticas no eran tu fuerte. Por muchos 10 que te pusiera, siempre se veía que no eran lo tuyo”, argumentó. Le dije que estudiaba en Sevilla un Doble Grado de traducción y humanidades y que disfrutaba mucho con lo que hacía. Me preguntó por el premio del mejor expediente de la ESO, por la matrícula de honor en Bachillerato y mis demás logros. “No tienen importancia le conteste yo. Mis esfuerzos no eran para que me dieran premio alguno. Lo único que a mi me interesaba era llegar a donde me había propuesto” Hablamos de como habían cambiado las cosas, de recuerdos de mi infancia, de anécdotas y de mi vida actual. En un determinado momento comenzó a decir; 

 “Cómo han cambiado las cosas. La última vez que hablamos no tenías más de 7 años. Eras solo una niña. Pero a esa edad ya apuntabas alto. Recuerdo que al escribir tu informe de fin de ciclo escribía que debíamos esperar grandes cosas de ti. Que llegarías muy lejos. Eras una niña muy trabajadora que no paraba hasta conseguir lo que te proponías. Que a pesar de tanto trabmuy nerviosa y había que buscar la forma de liberar tus tensiones. Te enseñé a multiplicar y a dividir aunque no te correspondía pero es que siempre terminabas la primera y querías hacer más y más cosas. Supe que convertirías en una fan del saber. Por ello, me alegro de que la vida te este regalando cosas tan buenas, me alegro de que mis predicciones no fallaran. Me alegro de haberte visto crecer” 

Cuando nuestra conversación terminó sentí la nostalgia, sentí la madurez. Recuerdo el uniforme del colegio, mis pelos despeinados en una cola. Recuerdo las carreras por el patio y mi obsesión con ser la primera. Recuerdo a mis amigas y las muñecas. Los días del Padre y de la Madre. El recorrido de vuelta a casa, las clases por las tardes. Recuerdo los días de fiesta, Don Bosco, María Auxiliadora. Recuerdo las excursiones. Recuerdo como mi madre me ayudaba a estudiar, me preguntaba la lección, me corregía al leer. Recuerdo el paso de los años, las clases, los compañeros. Recuerdo las palabras de aliento de mis profesores, la confianza que depositaron en mi y mis lágrimas de nervios. Recuerdo ese interés de aprender, la curiosidad. Recuerdo tantas cosas desde los siete años que mirarme ahora en el espejo me hace darme cuenta de que todos son recuerdos y que la niñas que un día fui es ahora, quizás no una mujer, pero si el comienzo de una. Y esas ganas de aprender, de ser la mejor, de ayudar no han desaparecido. Sigo siendo como siempre; una agonía. Gracias a todos los profesores y sucedáneos que creyeron en mí para hacer grandes cosas. Algún día cuando haga algo importante, irá por ellos.

 Con ese afán de ser yo,
María

domingo, 18 de noviembre de 2012

Mi angelito

Parece que fue ayer cuando un magnifico Miércoles Santo nos encontrábamos en la calle Plocia ante el cortejo de la Real Hermandad de las Cigarreras antes de la llegada de su paso de Misterio. Como siempre, con la gente de mi grupo disfrutaba de un momento tan bonito como cofrade. Mis padres con más personas de la Junta no estaban demasiado lejos. Charlábamos, comentábamos, disfrutábamos. Cuando el paso de la Esperanza con elegancia y hermosura ya nos mostraba el ancla de su manto, apareció mi tía con una cara que irradiaba felicidad. “Tenemos una noticia” nos decía a mis padres, mi hermano y a mi, “Estoy embarazada” ¿Cómo?¿Mi tía? Es lo primero que se me ocurrió pensar. Pero era cierto, el gozo que recorrió mi cuerpo no tiene nombre. Una nueva vida asomaría el mundo. La alegría era evidente y la espera de nueve meses para ver su carita me parecía cruel, cual tortura.

¿Cómo sabía esa angelical criatura que nos moríamos por verla? No lo sé, pero a los 8 meses decidió por si sola que ya era hora de ver la luz del sol. Noviembre, tenía que ser noviembre. Otro momento cofrade llamaba en mi cabeza en esta fecha. Cristo Rey del Universo, el Señor de la Paz reclama su trono para colmarnos de bendiciones. Y la bendición más grande que el Señor nos regaló fue que Julia durante su traslado viniera al mundo. Un mundo que estaba preparado para Ella. Un mundo que la esperaba. Un mundo que ya quería quererla.

Cuando la sostuve en mis brazos por primera vez quise resguardarla. Quise protegerla para que nunca conociera el sufrimiento. Quise ser su guía. Cuando la sostuve en mis brazos fijé en sus ojos mi mirada y me enamoró. Se entreveía que serían unos ojos claros de enamorar. Cuando la sostuve en mis brazos quise morir de amor porque me había quedado prendida de ella. Cuando la sostuve en mis brazos por primera vez, temerosa de hacerle daño, ya me sacó mi primera sonrisa.

Y hoy, cuando esa hermosa criatura va a cumplir un año, quiero manifestar públicamente que se ha convertido en mi angelito. Es la personita que me saca una sonrisa en los peores momentos, la que saca lo mejor de mi. Aunque no lo parezca me cuida como lo hago yo con Ella. Su simpatía, su sonrisa, sus preciosos ojos azules me han regalado todos los momentos posibles de máxima felicidad.

Yo me pregunto, ¿es casualidad que uno mis mayores regalos me lo concedieran un Miércoles Santo con la Esperanza de por medio ahora que mi vida gira en torno a una persona que la lleva por bandera?¿Es casualidad que viniera al mundo cuando mi Señor de la Paz estaba en la calle? ¿Es casualidad que sin poder enseñarle nada, Ella sepa que mi Madre del Amparo le gusta?

Creo que no lo es.

Te quiero con locura, angelito mío enviado del cielo por la gracia de Dios
¡Feliz primer cumpleaños!

jueves, 15 de noviembre de 2012

Y de recogida, Señora...

Voy notando poco a poco el calor de quienes me rodean. Casi no los veo. Tengo la mirada fijada en Ella. Voy sintiendo como las lágrimas brotan, los escalofríos nacen, en la memoria se agolpan millones de momentos de felicidad asombrosa. En mi cuerpo yo noto como me estremezco al pensar en la que se marchó ya a los cielos. Voy avanzado como quien no quiere, como quien retrasa el tiempo pues es ese para mi el más feliz de los momentos que no tiene comparación con el resto. Se me ha olvidado que el antifaz llevo puesto después de ocho horas respiro ya para mis adentros. Voy sintiendo en el cuerpo como me van llamando hermanos que quieren ser pilar, familia, abrazo. Pero yo no pienso, dejo a un lado lo que siento y me centro en Ella que es la que me da el sustento, la que me vela y guarda, la que me roba el aliento. 

Y al cruzar el dintel de las puertas del cielo, con la cara al aire, con las lagrimas cayendo, mi capa se convierte para otros pañuelo. Robosa el ambiente de paz y consuelo. Ella ha vuelto a casa, el día está completo. Y en mi mente recuerdo cuando la veia a Ella sobre el hombre que mas quiero, cuando mi padre me cogía y pedia que le lanzara un beso aun con el hábito puesto. A mi mente vienen tantos y tantos deseos como es pregonarte antes de subir a los cielos, la de seguir contigo hasta el próximo encuentro. En mi mente guardo tantos y tantos besos de nazarenos que vienen a contagiarme lo bueno. 

Y al cerrarse la puerta, parece que todo está hecho. Cual alegría es, Señora saber que eso no es cierto. Que al cruzar la puerta, al tocar el suelo comienza de nuevo el sueño de verte por la Alameda con Campanilleros. Comienza de nuevo la vida para el nazareno. 






domingo, 11 de noviembre de 2012

El destino es caprichoso

Dicen que en la vida hay que arriesgarse, dejar lo miedos atrás, apostar todo lo que se tiene. Dicen que en la vida hay que ser valiente, compartila con los demás. Dicen que en la vida todos tenemos unos fines y tenemos un destino escrito. Dicen que cuanto nos rodea está más que diseñado para que sea así. Dicen que hay que darlo todo para poder recibir algo a cambio.

Pero yo me canse de dar. Me canse de darlo todo, de desvivirme, de entregarme. Me canse de dar más de lo que tenía y por ello, perdí las ganas de recibir. Me canse de ser cariñosa, de regalarle besos al tiempo. Me canse ser princesa abandona en una torre. Me canse de ser jovial y sonriente. Me canse de ser yo. Me volví cual piedra. No quería dar ni tampoco recibir.

Pero que caprichoso es el destino. Es caprichoso porque me puso entre la espada y la pared. Me rompió cual oleaje el muro de piedra que intentaba construir alrededor de mi corazón. Es caprichoso porque más si quería dejar de sentir, me hizo enamorarme de, según decían todos, quien no me convenía.

¿Cómo iba a estar enamorada?¿cómo me iba a temblar la voz solo con saber que estaba cerca?¿cómo me iba a poner nerviosa el simple hecho de pensar en Él?¿cómo me iba enamorar otra vez? Tan simple como el dolor de no tenerlo, el hecho de pensar que nunca sería mío, el frío de mis manos sobre las suyas, la leve sonrisa que me dedicaba, la palabras de cariño que se quedaban en amistad, el juego de solo verlo, los dobles sentidos de las lineas, su pelo repeinado, su risa inconfundible, su voz, su poesía. Ese polito esperanzista que me volvía loca, su abrazo más sincero, sus palabras, el mínimo tiempo que me dedicaba a mi. Mi mirada en un cortejo que buscaba la suya, el miedo de perderlo todo, la necesidad de pasar tiempo con él. Quererlo solo para mi. Evidentemente estaba enamorada, otra vez.

Pero me daba miedo, me daba miedo que todo cambiara, que me rechazara, que no me quisiera con la misma intensidad que yo sentía. Me daba miedo a que las cosas fueran tan difíciles que no lo aguantáramos, que la presión del mundo le ganara la batalla al amor, que no nos fuera posible querernos. Me daba miedo agobiarlo, o que las criticas fueran tan fuertes que yo sucumbiera a ellas por todo nuestro pasado.

Como decía, el destino es caprichoso y me quiso regalar un capricho a mi. ¿Porqué no lanzarme a la aventura? Quizás el amor, si lo pudiese todo. Y a día de hoy digo; que adoro despertame y darle los buenos días, que me apele con cosas como “cari”, “vida” o “gordi”, que me diga que me quiere, que me sonría, que intente demostrarme que esto es de verdad, que el resto del mundo me diga cuan feliz parece, que me busque, que me abrace, que me bese, que me mire, que cometa locuras solo porque me echa de menos, que tenga ilusión en mi, que no le de miedo lo nuestro, que es causa de mi felicidad, que me ha devuelto la vida, que sigo teniendo miedo pero que a nada importa, que me sea como él quiere ser, que se ha vuelto lo más importante de mi vida, que confío en que esto va a salir bien, que soy una empalagosa como yo sola porque lo he recuperado tras haberlo perdido. Me encanta poder decir que me ha devuelto las ganas de vivir día a día.

Y a todos los que esto les parece una locura, a todos lo que decidáis criticarlo os afirmo que como se nota que no sabéis sentir de verdad.

Siento ser así de empalagosa, ñoña y cursi pero no puedo hablar de Él de otra forma.
Te quiero,
María Ortiz

Con mis dos alas, a volar...

¿Has soñado alguna vez con volar? Sí, sí. Volar. Esa capacidad de desplazarse de un lugar a otro en segundos, de poder ir. Sin miedo, sin preocupaciones. La posibilidad de encontrarte en varios lugares en una misma jornada. La sensación de libertad al ponerte tus propios horarios, tus propios planes. Que las decisiones de tu vida recaigan sobre ti mismo y puedas decidir sin tener en cuenta a los demás. Que la libertad sea cierta y puedas vivirla a tu manera. Volar. Volar para poder ir hacía donde tú quieras. Volar para poder desaparecer.

A mi me encantaría poder volar. Sentir el aire fresco rozar mis mejillas al surcar los cielos. Me encantaría poder ir de un continente a otro sin que nadie me conozca y vivir cosas nuevas. Descubrir el mundo. Me encantaría poder volar y llegar a donde a mi me apetezca, sin necesidad de mirar atrás. Contemplar el panorama desde lo alto de un árbol y así vigilar lo que pasa a mi alrededor. Poder llegar a la cima de la montaña más alta para observar el paisaje y contemplar la más bella puesta de sol. Sería un lujo poder desplazarme cuando el mundo me agobiara hasta el lugar donde la serenidad me cobijara en una tranquila rama. Me encantaría desaparecer, quizás no para siempre, pues dejarlo atrás todo es muy difícil pero si desaparecer un tiempo. Unos meses, unos años para poder volar en libertad sin que otros pajaritos llamados problemas me acecharan detrás de la oreja. Me encantaría poder volar y contar con palabras lo que mis incrédulos ojos vieran.

Me encantaría volar a un lugar lejano y no volver....

¿y tú?¿ también quieres volar?

domingo, 4 de noviembre de 2012

A ti...

Estoy acostumbrada al nerviosismo, es una parte más de mi. Estoy acostumbrada a los sentimientos pero nunca antes me había costado tanto dejarlos ver la luz. Quizás porque yo misma me hallaba en la más completa oscuridad y eso no me dejaba hablar conmigo misma. 


He pasado de estar sumida en continuos agobios y enfados, de estar asustada a estar feliz, contenta, plena. Y es que has vuelto a sacar lo mejor de mi. Me has devuelto la sonrisa, las ganas, la ilusión, la espera, los nervios. Me has devuelto la esperanza en mi misma, en la verdad. Me has devuelto ese deseo que el corazón tiene de amar. Me has hecho volverme a sentir única, que mi persona está por encima de cosas banales. Me has recordado todo lo que era tener las ganas de empezar un nuevo día. Me has dado un motivo para seguir adelante. 


No suelo frecuentar mi propio blog para dejar declaraciones de amor, no suelo más decir dos reflexiones tontas, pero hoy es distinto. Hoy las ganas de tenerte a mi lado se hacen tan fuertes que me siento tonta y estúpida por lo empalagosa y ñoña que puedo sonar. Me siento adolescente. Suena raro hasta para mi. No puedo evitarlo, no puedo evitar pensar que debí de hacerme eco en ti antes. No puedo dejar de pensar que no debí tener miedo, no dejos de pensar en que estoy si que es lo correcto. 


Me encanta tener cerca, que me abraces, que me sonrías. Me encanta escuchar tu voz, buscar tu mirada. Me encanta que me hagas reír, que no estemos todo el día pegados sino cuando nos hace falta el otro. Me encanta que me digan que eres feliz, que me saques los colores con tus cosas bonitas. Me encanta saber que vas a estar aquí, como siempre. Me encantas, y ahora me atrevo a decir, tú. 


Siento si esto es demasiado, pero de alguna manera tenía que darte las gracias por lo que me has hecho sentir este primer fin de semana de muchos. 


Te quiero con locura.
#1deNoviembre