Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

martes, 8 de enero de 2013

La rutina...

Te levantas y amanece tras la ventana un nuevo día. La luz se cuela por las cortinas anunciando que es hora de dejar tus sueños atrás. Te lavas la cara eliminando los últimos restos de la visita de Morfeo diciéndote a ti misma que cuando llegue la noche acudirás en su búsqueda a una hora más temprana. Te vistes y pones rumbo de nuevo a las clases. Ni siquiera desayunas. ¿Para qué? Clases, profesores, lecciones, pensamientos. Charlas un rato con las compañeras, vas a la biblioteca y vuelves a clase. Como si sonara una campana dejas el asiento y vuelves a casa. Comes, te lavas los dientes, te acomodas y das por empezada la tarde de estudio. Sin que puedas volver a pensarlo miras por la ventana y ya es de noche. Sigues haciendo cosas hasta terminar. Te das una "relajante" ducha de agua caliente y cenas algo, ya sin ganas por el cansancio. Intentas relacionarte con el mundo pero ha días que el mundo pasa de ti y te ves sola. Encerrada entre cuatro paredes. Te decides a ver alguna serie. Tienes frío, te metes en la cama y sientes el calor de la comodidad, lees un rato hasta quedarte dormida. Entonces, Morfeo viene como te prometió por la mañana y te arropa. Y así el día se ha vuelto noche, la oscuridad se ha llevado la luz y otro día de tu vida se ha disipado. Hasta que vuelva de nuevo el sol, te levantes y amanezca de nuevo la rutina. 

La rutina, eso que dicen que nos agobia tanto. Puede que tengan razón. El hecho de hacer siempre lo mismo. A veces, me gusta y otras la odio. Me hace sentir más segura si se que es lo que va a ocurrir al instante siguiente y me ayuda a estar preparada para lo que venga. Pero, también, la rutina nos hace daño. Nos habituamos a los que nos rodea y nos olvidamos de lo que tenemos. Perdemos esa chispa de vivir. No nos hace ilusión nada y dejamos que la vida se escape de nuestras manos. La rutina. Ese fenómeno que rompe tantas parejas, que hace monótona nuestras vidas, que nos quita las ganas de vivir. Nos hace sentir solos, que se nos ha ido el tiempo. La rutina de un día tras otro. Un día de tu vida multiplicado. Y cuando la rompes y ves como es eso de tener brillo en los ojos, te planteas que por qué existe tal tortura del día a día. Esa guerra por sobrevivir. La rutina que te lo quita todo y se supone, también te lo da. La rutina. 

Otra vez de nuevo junto a ese espejo, me planteó si quiero la rutina o no. Si esta es la vida que he tomado o me equivoqué de camino. Sea como sea, la rutina me duele y deseo tener esa ilusión que me da la sonrisa. Rutina que se verá cambiada pronto. ¿ Me echareis de menos?

Voy a seguir con mi día,
María

domingo, 23 de diciembre de 2012

Si pudiera, estaría allí.

Si me concedieran un deseo sería poder volver a darte un beso. Si pudiera volver atrás lo único que cambiaría sería darte más abrazos de los que ya te dí. Si pudiera volver a estar contigo, te diría a la cara cuanto te quiero. Si pudiera hubiese ido a estar contigo en los últimos momentos, haberte cogido de la mano para que no tuviese miedo. Al igual que tú me la dabas a mi cuando algo me aterrorizaba, cuando me ponía malita y estaba tumbada en el sofá, como cuando me preocupaba o me enfadaba. Eras la única que me hacía entrar en razón.

Si pudiera te hubiese arropado la cama para que no pasaras frío prometiéndote que si cerrabas los ojos yo iba a seguir aquí. Como cuando dormías conmigo y te decía que no me daba miedo la oscuridad sino no tener a nadie a mi lado. Su pudiera te hubiese puesto la mano en el vientre y con un leve movimiento, prometerte que el dolor se había esfumando y que podíamos volver a jugar.

Si pudiera volvería a tener cuatro años para saber que aun me quedaban años para disfrutar contigo. Jugar a las cocinitas en la terraza, salir corriendo por la calle en tu búsqueda, las meriendas de la Gloria, los paseos, los besos de los domingos, el acompañarte a dar una vuelta. Volvería a todas las misas contigo, a las novenas, a las bajadas, a las procesiones de nuestra siempre Auxiliadora. Ir contigo todos los 24 a los salesianos y rezarle juntas, quien pudiera hacerlo. Volvería a los cuatro años para escucharte decir; “María, esa es tú Madre.” “Y...¿cómo le habló?”” Tú siempre dile...Dios te Salve, María...”

Si pudiera tenerte no te soltaría. No ha habido en el mundo persona que más confiara en mi, que más me quisiera, que mas me apoyara. No tenías pereza en alabarme, el hacerme sentir única, en hacerme saber que yo era especial. No te preocupabas en reconocer que tenías delirio conmigo. Y no puedo negar que para mí no había nadie como tú.

Por eso, hablar de ti, abuela un me duele. Aun me hace daño. Aun me hace llorar. Porque si pudiera te tendría de nuevo aquí conmigo. Era mi pilar, mis ganas, mi sustento. Aquella que nunca dudaba de mi, aquella que siempre estaba a mi lado. Y en todos mis triunfos, en todos mis fracasos, en todas mi decisiones tú estás conmigo. Tú sigues siendo mi estrella.

Mañana, como todos los días, habrá un hueco en la mesa que no se podrá suplir. Hoy cuando nos reunamos para hacer los pestiños faltará tu presencia. El día de Reyes no sonará el teléfono para con tu dulce voz preguntar como de buenos hemos sido y que en casa también parece que pasaron sus Majestades. Siempre habrá un hueco que será el tuyo. En mi graduación, en mi pregón, en mi boda, en mi vida. Y no me sirve de nada eso que me decías,”cuando yo no este mi hueco lo ocuparan tus hijos y yo podré estar tranquila.” Pues tú eras, eres y serás irremplazable para mi. Porque me faltaras siempre en la vida aun sabiendo que gracias al Señor sigues aquí a mi lado, sigues siendo mi Amparo y mi Auxilio. Sigues siendo mi abuela y yo esa nieta de cuatro años.

Si pudiera y hubiese sabido que ibas a morir tan rápido, en mi cumpleaños, no me hubiese separado de ti. Si hubiese sabido que no nos quedaba tiempo, me hubiese ido detrás de ti para no soltarte.

Te quiere,
María

martes, 18 de diciembre de 2012

Según los Mayas....

Según una profecia maya, el mundo tocará a su fin el próximo viernes. Se acabará todo lo que hoy conocemos, lo que nos es familiar, lo que nos rodea. Se nos romperá la rutina y pasaremos a ser nada. Todo se acabará. Ya no habrá más lunes odiosos ni tendremos que ir a clase. Se acabo el pasar demasiado frío o demasiado calor. Se acabaron las preocupaciones y los problemas. Las obligaciones y los que haceres diarios. Ya no tendremos que ir a trabajar ni decidir que nos ponemos. No habrá planes de futuro ni problemas económicos. El dinero no valdrá nada. No nos tendremos que levantar temprano, ni abandonar con pena la cama. Podremos dejar todo lo que nos molesta a un lado; políticos, sociedad, dinero, escuela,...

Pero también a su vez lo perderemos todo. Todo lo que de verdad nos gusta. Ya no habrá más momentos de risas, ni conversaciones expectantes hasta la madrugada. Ya no podremos disfrutar de un libro o ver esa película que tanto nos apetecía ver. No podremos tomar más fotos que nos evoquen a un recuerdo. No habrá lágrimas de emoción, ni nada que nos haga sentir. No conoceremos el mundo, ni podremos viajar. Las personas que debían aparecer en el camino nunca nos la encontraremos. No obtendremos los logros que nos venían impuestos ni volveremos a sentir la libertad. No nos sentiremos orgullosos. No habrás más abrazos. No podremos enamorarnos, ni besar a la persona amada. Se nos acabará el sonreír. Perderemos todo, nuestra razón de vivir. El motivo de nuestra existencia.

Es obvio que no creo que no pasemos del viernes, no tampoco que vaya a haber un final que no podamos cambiar aun así la posibilidad de perder las cosas hace que las valoremos aun más. Valora lo que tienes en tu vida, lo que se te regala cada nuevo día. Valora esa palabra de cariño, ese beso, ese abrazo. Si estás enamorado, no dudes en ir a por esa persona pues cada minuto sin ella será un tiempo perdido. Si tienes algo a medio hacer, terminalo y date la satisfacción del trabajo. Si tienes sueños corre a cumplirlos, busca la manera de llegar a tocas las estrellas si se te antoja. No le des más vueltas a los problemas, todo tiene solución. Lo único que debes hacer cada día es sentirte afortunado por lo que está por llegar. La felicidad es lo importante. La felicidad es el motivo para seguir.

Perder mi Hermandad, mis amigos, mi momentos con un buen libro, mis pensamientos tirada en la cama, mi papel y boli, mi familia, el dulce rostro de mi Madre Bendita de los cielos, el te quiero de sus labios, el paseo en una tarde por la playa. El amor. Perder algo de eso si que sería el fin del mundo. Nada que ver con lo que dicen los Mayas.

Que no se me acabe el mundo si no me da antes la oportunidad de estar contigo.
María

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un amor puro y verdadero

Hoy no me pongo delante del papel con buenas vibraciones. Al revés, me invade cierto aire de negativismo y tristeza que pueden que influencien mis palabras. Algo me come por dentro, me hace que la cabeza me duela, que medite las cosas que no deba. ¿Qué puede doler tanto? El amor sin duda. El amor. Un sentimiento que ha sido cantado por miles de poetas, plasmados en millones de canciones, cientos de veces filmado por una cámara. El amor que se demuestra en las grandes de tragedias de Shakespeare, dejando sobre el escenario la esencia del más puro de los sentimientos. El amor que no conoce barreras ni fronteras, que junto a la muerte es algo universal para cada persona. Todos los hombres del planeta, ser humanos que en él habitan han experimentado, experimentan o experimentaran este bello escalofrío. El amor duro y tierno. Lo físico y lo mental. El amor, eso que mueve tantas veces a las personas a hacer las cosas.

Y yo que me considero un sentimental y una tonta romántica, vivo el amor de algo único y que transfiere a todas las ramas de mi vida. Sin embargo hoy me han llegado a mis oídos palabras que se han clavado como puñales en mi alma. Tanto por lo que se me decía como quien me las estaba diciendo. Me enamoro no con facilidad ni se me conquista rápido. Tengo una idea muy tradicional y no suelo lanzarme al precipicio. Pero tengo un carácter afable y sonriente, un modo de tratar a las personas que según me cuentan mis amigos hacen de mi una debilidad. No me creo en tal grato estamento. Simplemente, llego al corazón a toda prisa. A pesar de todo, cuando me enamoro lo hago de verdad. Y me he enamorado muy pocas veces. Me enamoro de una persona en un momento y por un motivo, y ese sentimiento es tan puro que casi nunca se consume. Se consume cuando la otra persona se acerca a mi y me sigue enamorando. No juego con el corazón de nadie, pues cuando más enamorada me creía jugaron con el mío causandome un daño incalculable deseandome a mi misma hasta la muerte. Y tú mejor que nadie lo sabes. Con ese sufrimiento a mi espalda que aun hoy duele, ¿cómo voy a ser capaz de ni siquiera intentar hacerselo sentir a otra persona?

Y lo que está ocurriendo ahora...Dios, no lo puedo ni explicar. Lo quería y lo sabes. Lo quería y se me ha ido detrás de Él parte de mi vida. Tiene en su cuerpo mis labios marcados y guarda en su memoria suspiros de limpio encanto. Sabes que lo quería y que por ese amor he consentido cosas que me han degradado como persona. He vivido momentos de duro trago, largas noches sin dormir. He dejado que se me pisoteara y he dejado acrecentar el orgullo y la virilidad del que era mi compañero. No te niego que lo momentos que me ha regalado también son únicos pero no compensan mi dolor. Siempre que iba a dar eso por perdido y no la hacía me lo recriminabas. Cuando por fin tome el valor de cambiar de aires, de buscar la felicidad en otro lado, crees que juego con los hombres. ¿Qué clase de mujer crees que soy? ¿Qué clase de mujer crees que has criado?

Lo que ocurre, y debes de saberlo, es que el amor no entiende a razones. Lo que ocurre es que puedes tener el amor en lo brazos más cercanos. Y en ti está dejar que surja o no. Y ahora, lo quiero. Es amor pequeño e incipiente, que tiene crecer, que se tiene que asentar. Es un amor tranquilo, deseoso, que ha sobrevivido a cosas como está. Un amor sin problemas, en la que yo soy importante como él lo es para mi. Un amor donde prima el otro, no el yo mismo. Un amor extraño, inesperado, sorprendente, e incluso, diferente. Pero sobre todo, creeme, verdadero. No sabes el tiempo que Él llevaba queriendome, ni porque acabe con mi relación, ni si yo ya lo quería. No sabes si yo intente evitarlo, si intente resistirme. Que, efectivamente, lo hice. Pero fue un impulso de la que está en los cielos lo que me hizo responder a sus “te quieros”. No te has parado a pensar en como está el otro o el daño que a mi me ha podido hacer. No has pensado en nada.

En definitiva, he estado enamorada de otros. Pero hoy estoy enamorada de Él y mis sentimientos son de verdad. No se donde vamos a llegar, ni el tiempo que nos resta juntos ni el porvenir que el Señor nos tenga marcado pero a día de hoy la felicidad me la regala y son hoy otros besos, otras caricias, otras fotos, otras conversaciones las que priman en mi vida. Se que Él te gusta, pero no dudes de mi o seguiré dudando de mi misma. Reflexión hecha.

martes, 11 de diciembre de 2012

Tengo un sueño.

Siempre he tenido un sueño. Cuando era pequeña y pensaba en que quería ser de mayor, no dudaba al contestar que profesora, evidentemente, de inglés. Sin embargo, conforme han ido pasando los años y mi mente se ha ido amueblando y empapando de ese conocimiento que en el mundo rebosa, he comprendido que no es lo que quiero. Pensé que quería ser traductora, jugar con los idiomas a mi antojo. Pensé que quería ser filóloga clásica y moverme en el mundo de las lenguas muertas. Pensé que quería ser historiadora y ser el vínculo entre el pasado, el presente y el futuro. Pensé que quería ser humanista y dominar cada destreza que las letras me pusieran por delante. Y ahora, después de mucho pensarlo, me he percatado de que tengo un sueño, me he dado cuenta de que quiero ser escritora.

Sí, es ese mi sueño. Bailar con las palabras, jugar con la ideas, inventar mil historias. Me gustaría ser un río de versos, un manantial relatos que contaran un momento en un lugar. Me gustaría hacer pensar a los demás, poner por escrito realidades. Contar los miedos de un niño, los pensamientos de un abuelo. Me gustaría crear un mundo mágico, fantástico, inexistente y que solo se pudiera entrar con las llaves de mi mente. Me gustaría contar tragedias, malos momentos. Me gustaría poner por escrito lo que es el amor, si es que el amor se puede escribir o si solo se puede creer que se está contando. Me gustaría hablar de princesas y caballeros. De buenos y malos. De ficción y realidad. Me gustaría montar un botín en un convento o la mayor de la guerras. Me gustaría poder escribir sobre la ciencia, sobre la juventud, sobre lo que una persona es. Me gustaría crear personajes, personas que pueden hasta que existan. Me gustaría poder escribir un principio, un problema y hasta un final feliz. Me gustaría solo escribir.

Tengo un sueño, un difícil sueño que quiero cumplir. Y seré traductora, humanista o profesora. Seré todo lo que quiera, pero algún día domaré las palabras para que fluyan en el papel y del papel a la mente de quien lo lea, y que esa mente sea escenario de mi sueño.

Tengo un sueño. Ser escritora. Y no dudo en cumplirlo.

María

domingo, 9 de diciembre de 2012

Quisera...

Quisiera poder decirte todo lo que ya te he dicho. Quisiera poder expresarte todo lo que ya he expresado. Quisiera poder contarte mis penas y mis halagos, mi logros y triunfos, mi alegrías y fracasos. Quisiera poder abrirme y a ti susurrarte lo que por mi mente pasa solo con mirarte. Quisiera poder hablar, como siempre, elogiarte por ser mi sustento cuando no tengo a nadie. Quisiera ser lágrimas al emocionarme solo con tenerte cerca, con ver tu semblante. Quisiera ser parte de ti, de tu alma, de tu calle, de esa capilla que te resguarda incansable. Quisiera ser querubín para poder escoltarte, quisiera ser angelito para poder anunciarte. Quisiera ser para ti una hija más, no destacable pero que al tenerme cerca el tiempo se pare y poder volver a decir mis cositas que nadie sabe. Quisiera ser una flor de tu jardín, una niña enamorada, un encaje de tu cara para poder acariciarte siempre que me entraran ganas. Quisiera ser tu pies, cargar con tu semblanza y poder llevarte hasta quien no te pueda ver la cara. Quisiera ser tu instrumento, de ti, abanderada y llevarte conmigo hasta que mi vida decaiga. Quisiera ser para ti lo que hiciera falta, con estar a tu vera ya no importa nada. Quisiera ser para ti, Amparo, mi madre Guapa, el centro de vida, mi dulce Esperanza.


Gracias, siempre Virgen María, por dejarme estar cerca de ti, mi por siempre Reina del Amparo. Pero hoy te doy las gracias por enseñarme a rezar con otro rosario, por el escalofrío de tenerte sobre mi cuerpo, por sentirme enamorada por un breve instante de tu bendita Esperanza.  

María 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Día gris...

Hay días en los que te levantas y sin saber cómo ni porqué no tienes buenas sensaciones. Te levantas sabiendo que vas a tener un mal día y, efectivamente, ocurre así. Hay días que no son tu día y no hay nada más que decir. Y en esos días buscas refugio, como de la lluvia, en cualquier lugar. Te escondes tras el primer árbol o corres bajo la primera mesa. Hay días que se vuelven contra ti porque las cosas salgan mal o por tú no te sientes bien. Fuera como fuese, esos días mejor pasarlos en cama.

 Pero me han dicho hoy, que incluso en ese cielo gris puede haber un arco iris. Detrás de esa oscuridad, puede estar el sol. Y he puesto mi mente a trabajar. He buscado mil momentos que evocaran a mi felicidad. He buscado un día, una festividad, una efemérides. He buscado grandes periodos de tiempo, con grandes exorno. He buscado lo que creí la felicidad. He buscado tanto que al final hasta me he perdido. He querido buscar algo grandioso y no pude encontrarlo. Desistí. Lo deje y no busqué más. Un día gris, sin luz. Con sombras. 

Y sin saber cuándo o dónde, cómo o porqué, me ha venido una sonrisa. Un rayo de esperanza. Una caricia de amor. De momento, tuve en mi mente una sonrisa. La suya tras un beso. Se pasó en mi mente una mirada. La suya en aquel cortejo. Sin pensarlo, llegó un abrazo. El suyo tras aquel enfado. Un día gris, nervioso, pesado. Un día de agobios, amargamientos, de enfados. De querer explotar, de haber llorado. De por poco perderle todo y con amor haberlo recuperado. Un día de los raros. De estudios y clases, de risas y llantos. Pero un día de mi vida, al fin y al cabo. Un día qua gracias a ti, a tu amor, al estar enamorado has hecho que valga la pena pasarlo.

 Ahora desde aquí digo y afirmo. Que nadie te toque, que nadie te haga daño. Que nadie se atreva. Que entonces saldré yo.

 Te quiero. 
María