Bienvenidos...

Que el agua no deje de fluir, que el viento no deje de soplar, que la marea no deje de subir, que las palabras no abandonen mi hogar...

domingo, 3 de noviembre de 2013

Tocamos el límite.

Resulta agotador estar continuamente dándole vueltas a la cabeza. Me cansa el pensar, el creer, el recordar. No me sienta demasido bien. Las cosas resultan dificiles de llevar y ocultar cuanto tengo se me está complicando. No hablo de mis secretos; no son esos los que quiero sacar a la luz. Lo que me incomoda es guardar para mi aquello que me duele, literalmente. 


Pasar las horas muertas en un hospital sin que nadie lo sepa. Aguantar un pinchazo tras otro. Una prueba que te hace daño, otra que te da miedo y una más que supere las anteriores. Una mala noticia que se complica, una medicación que no existe y un dolor que es persistente. Estoy tan acostumbrada que ya ni mi sangre me marea, ni me asusto ni me asquea. Tener que escuchar como pretenden decidir algo que no tiene solución. 

Quizás esté muy acotumbrada a esto. Después de tanto tiempo ni lo cuento ni lo comento. Es parte de mi rutina. Pero en el fondo me asusta, me da miedo y necesito la voz reconfortante de alguien que diga "todo irá bien". Es demasido finjir una normalidad, que no duele, que todo va bien. Sonreir y callar es fácil hasta que te tienes que retocer. 


Pero hoy, ya en casa, tengo que decir "basta". Ha sido demoledor escuchar que hemos llegado al límite. Desolador ver la cara de mi padre y debastador decidir que no hablaremos del tema con nadie. El problema es que la tiene que parar y sobrepasar el límite soy yo. Sin embargo, cuánto más lo pienso más me duele.  Supongo que o me pongo las pilas o tendré que sucumbir a lo que me proponen. Y el hecho de dejar que la parca venga a por mi de forma prematura no me convence. 

Voy a llorar a solas un poco. Me es necesario desahogarme sin hablar y un abrazo que me consuele. Hasta este límite hemos llegado. 


martes, 29 de octubre de 2013

Frío.

No había terminado de despuntar la tarde cuando tomó de nuevo la gran taza de café que había preparado. Se había olvidado de ella y pudo comprobarlo cuando el helado líquido rozó sus labios. Era evidente que nada iba a salir bien aquel día. No es que las cosas fueran mal, la que no iba bien era Ella. Desde temprano el frío había marcado la jornada y su corazón se sentía tan gélido como aquel olvidado café. 

No fue el sonido del móvil ni tampoco la llamada matutina de su madre la que la había despertado aquella mañana. El escalofrío que erizó su piel desamparada de las sábanas y desnuda a pesar del pijama fue como el cantar del gallo al nacer el día. Frío, todo era frío. Al despojarse de sus ropas, sintío el frío del agua recorriendo su cuerpo hasta que el agua caliente la sustityó. Pensaba que sería el momento de entrar en calor. Se equivocó y aun reliada en la toalla, sus temblores eran evidentes. El pantalón y la camisa parecian hielo. No hacia más que recordar el calor que desprendía su cama y cuan agusto estaría de nuevo en ella. Pero hasta la cama había perdido su esencia cuando se había levantado. 

Tomó entre sus manos la humeante taza mientras hacia tiempo hasta irse a clase. Un tiempo que no demoró su llegada y en menos de un instante ya emprendía camino a su habitual rutina. Qué fría era la mañana desde la ventana, que frío era el viento cuando le acarició la mejilla. También fue frío el saludo que le dedicó a su amiga-a penas una leve sonrisa y el murmullo que prentendía parecerse a un "Buenos días"-. Frío fue el camino, fria la clase y fría hasta el agua que hubiera de calmar su sed. 

En esas horas libres, que le parecía una perdida de tiempo, no hubo tiempo de distracción o de una charla que le sacara una leve sonrisa. El día tenía un patrón y no iba a salirse. Una traducción y mucho estudio hicieron de aquellas horas muertas en compañía una fría situación. Vuelta a la clases y de nuevo la cabeza perdida.  Se estaba preparando el almuerzo en silencio, con una serie de fondo que le hiciera sentirse acompañada.En silencio fue la comida y también el estuido que ocupó toda su tarde fría; como eran las primeras tarde del verdadero otoño. 

Por más que quería concentrarse, no era capaz de pernsar en nada. Solo se dejaba llevar. Cumplió a rajatabla con sus obligaciones. Y entonces...y entonces levantó la mirada. Y su mirada, como su expresión, era tan fría que parecía una medusa que convertiría en hielo a quien la mirara. Y ahí estaba, fría y apenada. Fría y desconsolada. Fría y dolorida. Fría y desangelada. Fría y sola. Ahí estaba, en su escritorio frente a su ordenador, con la piel fría y el rostro frío. Allí se encontraba escribiendo en una fría tarde de otoño junto a un ya frío y helado café. 



martes, 24 de septiembre de 2013

Implicitamente

Hay veces que las palabras llevan implícitos muchas más intenciones que la simple superficialidad de su significado. Cuando queremos expresarnos usamos términos que se ajusten a la medida de nuestra comunicación. Es necesario saber que se quiere decir. En otras palabras, leer entre lineas. Intentar decir todo lo que se quiere sin decirlo. 

La justificación de porque el ser humano tiende a este tipo de situaciones se debe a que en algunos momentos decir cierto tipo de ideas o expresarse tal cual lleva consigo la afirmación o comprobación de una serie de ideas. A veces, decir las cosas en voz alta, tal y como son, hace que te des cuenta de la realidad. Dejas de estar en una utopía y vuelves a poner los pies en la tierra.

¿Qué esconde un "te echo de menos" para que sea tan difícil decirlo? Un "te echo de menos" no solo muestra el hecho de la ausencia, sino el deseo de volver a tener aquello que anhelamos. Puede traer consigo la relación de que echamos en falta algo o a alguien; alguien que teníamos cerca y ya no, alguien cuya presencia queremos, con quien hemos compartido momentos y queremos seguir haciéndolo, alguien con quien tenemos secretos, cuya existencia nos aporta algo. Ese " te echo de menos" es porque perdemos cosas: la sonrisa, las ganas, la ilusión, la felicidad. A veces, hasta el sentirte bien contigo mismo. Nos puede dar, incluso, miedo. Miedo de tener que reconocer cosas que ni ante un espejo sería posible. 

Yendo un poco más lejos quien sabe si se podría realizar una secuencia de ideas, que no vienen al caso, que tengan como conclusión sentimientos. Porque un "te echo de menos" puede esconder tantas cosas que la mente no quiere saber y el corazón no quiere escuchar. Así, negarlo o callarlo no quiere decir nada. Nosotros mismos ya nos hemos dado cuenta de que un "te echo de menos" se puede sentir y solventar con un abrazo, un beso, una caricia o haciendo realidad ese "te tengo ganas". 

Y como decía la canción : " no es sencillo echar de menos"


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Todo por...

¿En qué piensas cuando te acaricio la espalda?¿Qué pasa por tu mente cuando cierras los ojos sobre mi pecho? ¿qué me puedes decir cuando tus ojos fijan en los míos la mirada? ¿Puedes decirme, corazón, qué te dice la mente cuando busco acurrucarme en ti? ¿Qué dirás de los recuerdos?¿En que piensas si hablamos de una  noche en vela? 



Todo por un cariño. Todo por seguir con las ganas de vivir.  

lunes, 12 de agosto de 2013

Hoy las musas han pasado de mi...

El más conocido de los escritores y dramaturgos que tiene la humanidad cuenta que una vez perdió su don. No era capaz de componer ni un solo verso. Sospechaba que el problema recaía en la ausencia de musa. No había motivo alguno que le trajera a la mente la inspiración y le hiciera escribir. Aun en raudos momentos en los que debía escribir sin ganas, incluso en las ocasiones que la faltó el pan y el sueño, plasmó sobre el papel una hilera de versos que provocaban en el lector u oyente el más tremendo de los escalofríos. 

Shakespeare echaba de menos poder imaginar mil y una batallas, provocar un motín en un convento o hacer llorar a todo un teatro. Confesaba que solía hacer el amor con las palabras, jugaba con ellas de madrugada hasta el amanecer. Todo era posible cuando sus musas rondaban su mente. Musas físicas o mentales; no importaba. Tras las sequía de ser abandonado, encontró en una dulce doncella, una inspiración que dejó como legado la mejor de las tragedias románticas que jamas se han escrito: "Romeo y Julieta". 

Yo no aspiro a ser una Shakespeare o una Rosalía de Castro.  Sin embargo, se va la vida con las palabras, con la literatura; con el escribir que no es más que soñar despierto. Y cómo me gustaría poder dedicar mi vida a ello, a dejar constancia de mis sentimiento sobre el papel.

 Hacía mucho tiempo que escribir me suponía un problema. Desde hace varios días, mi pluma entintada fluye tan rápido como mis dedos sobre el teclado de mi ordenador dejando constancia de que mis musas han vuelto. Nada me inspira de forma distinta pero por fin se ha serenado mi corazón para dejar paso a la mente. 

Qué relajación sentirme de nuevo con ellas...

"Hoy las musas ha pasado de mi...andaran de vacaciones..." (Serrat)





domingo, 11 de agosto de 2013

Caminante, no hay camino...

Cuando los primeros rayos de luz rozan tu cara, sabes que la hora de continuar ha llegado. Estiras los brazos muy lentamente para que la sangre vuelva a fluir en ti. Muy poco a poco abres los ojos mientras que te recibe un destello que te hace experimentar la ceguera. Observas tu alrededor intentando ubicarte, recordar donde paraste. Te incorporas muy lentamente como si no quisieras dejar la comodidad de estar parado. En el río más cercano sumarjes las manos y te enjuagas la cara. La frialdad recor
re todo tu cuerpo y te hace volver a la realidad.  Atrás quedó la noche y con ella, los sueños.

Tomas la mochila cargada de trastos. Cada día que pasa la carga es un poco más pesada. Sera a consecuencia de que conforme se avanza las debilidades aumentan, los problemas crecen, los sentimientos se hacen de piedra y los recuerdos se vuelven en tu contra. A tu pesar, comienzas de nuevo el camino. Vas pensando en que no deberías de haberte quedado hasta la madrugada observando las estrellas, imaginando y recreando en tu mente miles de sueños. Sabías que pasaría factura y te levantarías cansado pero no importó. Quisiste creer que de sueños y pasión también se vive. Te prometes que al llegar a la siguiente etapa del recorrido descansarás más y repondrás fuerzas. En el fondo sospechas que al llegar te podrá más la ilusión que el sueño. Prefieres no meditarlo.

Te encuentras con una gran pendiente que culmina en un gran pico. Para cruzar al otro lado, tendrás que subirla. No existe camino alternativo. Será difícil, lo sabes. Tus ánimos no te acompañan. Tomas aire y piensas en que al subir todo habrá cambiado. En tu mente, un aliento. Y con la pesada carga vas subiendo a paso lento y firme. La cuesta cada vez es más pronunciada y notas la soledad del camino. Ahora tienes tiempo de pensar. De momento te entra fatiga, de tanto hablar contigo mismo. Paras y te sientas. No quieres seguir, has perdido las fuerzas. Te tumbas y dejas pasar el tiempo.

Al cabo de unos minutos, echas la vista atrás y ves cuanto camino pedregoso ha pasado por tener otras cosas en mente. Lo has hecho tú. Con tu esfuerzo. Hay algo que te hace seguir y emprendes de nuevo camino. La mirada baja marca el cambio quizás porque necesitas cambiar las ideas, por el contrario andarás pensando en la siguiente ruta, o tendrás por bandera una de tus ideas. ¿Porqué sigues el camino? Y te cuentas a ti mismo, por amor. No cualquier amor, sino el que yo siento. 

Al alzar la vista lo sientes. El olor a hierba fresca, la tranquilidad. La luz cegadora que te hace ver el cielo aun más azul. Los pulmones se te llenan de aire y por fin respiras. El sabor de la victoria es dulce y sientes sobre tu piel el éxtasis; nada del cansancio. Que vistas más maravillosas tienes desde aquí. Te sientas y comienzas a soñar. 

En este día en el camino de tu vida, las cosas han sido duras. Pero todo merece la pena. 


"Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar"

Una locura a la que no estoy acostumbrada....

Hay cosas en esta vida que solo se hacen una vez. Esas cosas que a priori parecen imposibles pero que por desidio divino se acaban haciendo. Algo en lo que te vez envuelto por un impulso y que cuando te das cuenta te parece una tontería. Hay cosas en esta vida que solo se hacen por amor. 

No se si fue el amor la causa de dicha locura ; sin embargo, cuando menos me lo esperaba vinieron en mi búsqueda. Era tarde, la madrugada ya había avanzado. Las calles eran posesión de la soledad que se paseaba a su antojo. La oscuridad era un signo de la tristeza. En todo, un faro de un coche brillaba como la luz de la esperanza en necesidad de aquello que nos da la vida. Un beso.  A mi me era más necesario que el propio oxigeno después de un largo día aun cuando yo no podía acudir a sus brazos. Todavía tengo en mi el amargo sabor del dolor. 

Aunque la locura haya parecido que no ha servido "para nada" y las cosas hayan cambiado por mi culpa, la realidad es bien distinta. No sabia que alguien haría tal cosa por mi, no imaginaba que yo fuera importante para no plantarse el salir además estas cosas son nuevas para mi. Solo espero que no decaiga por ser una niña tan inexperta. Pues no se pierde la autenticidad por caer ni la frescura por ser novata. 

Fuera como fuese, las locuras que se hacen son siempre por algún motivo. Y yo doy las gracias a aquel que pensó en mi y me buscó. Fue un soplo de aire fresco, de aire del mar, cuando me veía insignificante. Que este episodio tenga su lado bueno y no por el contrario termine en tristeza. 

Si quieres una locura, te regalaré la mía.


Qué descansen.

viernes, 9 de agosto de 2013

Caer en la tentación

La  tentación es un pecado que continuamente llama a nuestra puerta. Siempre existe el deseo de caer o no en ella. La tentación se nos presenta en las cosas más pequeñas que puedas imaginarte; a veces son imprescriptibles, simples detalles. Un mínimo gesto puede significar la linea entre lo permitido y lo prohibido; lo que se nos hace dulce y lo que nos amarga. Pero siempre hay tentaciones y el ser humano está destinado a caer en ellas. Sea de forma consciente o no. 

Incluso, de alguna manera, tendemos a evitarlo. Intentamos que el viento sople a favor de lo que creemos y no de lo que deseamos. Yo me pregunto...¿cómo se evita la tentación?....¿siendo fuerte?¿no pensando en la tentación?¿poniéndole barreras?...Sea cual fuese la respuesta no me la creería. No veo capaz al ser humano de dejar sus deseos a un lado. Pero, ante todo, no sabemos lo bonito que en ocasiones resulta dejarse llevar. Actuar. No pensar. Ser consciente de lo que está pasando pero aparcar los motivos y las consecuencias. Hay quien diría que es dejar hablar por un instante al corazón. Y que bien sienta eso. 

Como no caer en la tentación si nos atrae lo prohibido. A nadie se le ocurriría colocar un vaso de ginebra en frente de un persona alcohólica. Pues ante el mundo se hará fuerte, pero al quedarse solo se lo pensará un minuto, se sentirá mal y luego beberá. No quiero parecer que no guste en caer, pues me pasaría lo mismo si colocan un delicioso bizcocho de chocolate. Aun sí estoy a dieta, lo tomaré en mis manos y disfrutaré del dulce sabor en mi boca. El cariño no iba a ser menos.

Por lo tanto, el ser humano está hecho para caer en la tentación, en lo prohibido. Y cuan feliz se queda uno al probarlo. Solo existe un problema...siempre se quiere más. 



viernes, 5 de julio de 2013

Querida yo

Querida yo;


No me había decidido a escribirte hasta hoy a pesar de que llevaba mucho tiempo deseando hacerlo. Hoy comienza una nueva etapa en tu vida. Te preguntaras que ha cambiado en las pocas horas de sueño de las que has disfrutado. Qué habrá pasado para que algo sea distinto. He de confesarte que nada. Todo sigue igual, pero hoy comienzas de nuevo. Y todo porque quiero sacarte una sonrisa.

Llevas mucho tiempo repugiada en tu propia mente, dando cuentas de todos los problemas. Llevas un tiempo que no te sientes tú misma, que notas que las cosas han cambiado y no te gusta. Te estás preguntando que fue de la María que tanto te gustaba.  Donde está esa niña tonta, pija y despreocupada de su imagen, el nerviosismo hecho carne, la sonrisa en su belleza. Donde están las tonterías, los agobios, las cosas de niña pequeña. Donde se han escondido la responsabilidad y los estudios, la inteligencia y el esfuerzo. Donde se ha metido tu vida. Te estás preguntando porque no te sientes tú, porque notas que lo has perdido todo, que ha fallado en tu vida. No paras de decir que ya no encuentras ni las palabras exactas en cada momento.

Nada te relaja. Ni un buen libro ni siquiera la capacidad de soñar. Tus planes de vida han cambiado y las cosas te dan mucho miedo. Te sientes rota y engañada. La decepción es contigo misma y buscas cambiar de aires. Todo duele, lo sabes. Notas que no eres importante para ti misma ni que decir de los demás. Esa alegría que derrochabas es efímera y estás continuamente agobiada. Te mueres de ganas por volver a ser tú.

Sin embargo, te confieso que me has sorprendido. Te has vuelto fuerte, María. Una vez más has sido capaz de encajar las cosas y seguir aunque te estás muriendo de pena y dolor por dentro. Que no lo noten. Necesitas un cambio de aires, desconectar, cambiar pero sabes que no puedes hacerlo. Sabes que tienes que cambiar y ya habrá tiempo de hacerlo. Te volverás a enamorar y vendrá alguien que sepa quererte. No desistas en el amor, como eres gustas solo es que no has tenido suerte. A Él vas a quererlo toda la vida, solo hay que aprender a vivir con ello. No lo dejes marchar porque seguramente el también quiera tenerte y seas especial, que le faltes cuando no estés. Lo dicho, no desistas.

Siempre has conseguido aquello que te has propuesto. Has tenido grandes éxitos de los que solo tú sabes disfrutar del sabor de la victoria. ¿Qué recuerdas si te digo “Graduación”? Sí, aquel momento en el teatro cuando tras las horas de estudio interminables el jefe de estudios anunció tu nombre. Cuando fuiste a ver las notas de inglés nada más terminar el curso el pasado año. La sensación al ver a tu padre más que orgulloso. No eres inteligente, nunca lo has sido pero has sabido ordenarte a ti misma y sacar provecho de tus puntos más fuertes. Eso es lo que te hace grande. Tienes una mete en tu mente, todos la conocemos y yo que soy tú se que vas a ser capaz de ello. En unos años nada será lo mismo.

En cuanto a que eres diferente es lógico. La gente cambia. Has llevado situaciones y has conocido a personas que te han hecho ver las cosas de manera distinta. Pero no eres diferente. Eres mayor. Eres más madura y piensas más las cosas por lo que te das más pie a pensar en lo que no debes. Tu mente y tú sois iguales. Eres igual y distinta pero como eres está bien.


Así que te hago esta carta para calmarte, para quitarte todos los problemas, para que te des cuenta que las cosas no siempre han salido bien y mira donde has llegado. Esta carta debe de servirte para seguir siendo aquello que más te gusta; ser María. Tienes nuevos retos y eres muy grande. ¡Vamos arriba, pequeña!

lunes, 17 de junio de 2013

Nada de "Tiempo al tiempo"

Todo el mundo dice "tiempo al tiempo" y con eso esperan que creamos que sera el tiempo quien se encargue de modificar los asuntos que nos traemos entre manos. "Tiempo al tiempo" y con eso todo mejorará. Pero a veces no es cuestión de tiempo sino de ganas. El tiempo pasa y nosotros nos quedamos inmóviles ante Él. El tiempo no piensa ni actúa solo pasa. Y nuestra vida pasa con él.El tiempo cura nuestras heridas, el tiempo nos pone en nuestro sitio, el tiempo nos da las cosas y nos lo quita. El tiempo nos ayudar a cambiar, el tiempo nos hace madurar, el tiempo tan solo nos acompaña porque no es el tiempo sino nosotros mismos quienes tomamos las decisiones. 

El tiempo no es ninguna medicina que haga desaparecer el dolor, es la costumbre quien nos da los cuidados paliativos. El tiempo no es lo que te quita la presión del pecho sino un buen abrazo. No es el tiempo quien te hace dormir sino el cansancio del cuerpo que puede. El tiempo no te hace soñar sino te quita los sueños bien para robártelos bien para cumplirlos. El tiempo no cura las heridas, quienes te rodean sí. El tiempo no te hace dejar de llorar. En realidad eso, no lo hace nadie. Siempre seguimos llorando. 

Por si no se sabía el ser humano tarda diez minutos en quedarse dormido y ahí empiezan los sueños. Un orgasmo para el hombre dura seis segundos; para la mujer treinta y se le considera como el momento de mayor relajación del día. Una persona tarde tres años en comenzar a hablar y tardamos uno en comenzar a andar. La media de duración de los estudios es de 20 años, una quinta parte de la vida. Tardamos media hora en comer y diez minutos en ducharnos. Una puesta de sol consume el tiempo de quince minutos Un beso corto dura menos de un segundo mientras que aquel que suele gustarnos una media de cuarenta segundos. Tardamos menos de tres horas en enamorarnos y en el fondo nunca olvidamos. El tiempo como podemos ver tampoco cuenta para tanto porque ninguna de estas cosas solemos pensarlas. 

Así que,  lo del tiempo al tiempo a mi no me vale. No me vale porque si hay que vivir el presente, el presente duele demasiado. Y el tiempo no siempre ha sido mi aliado. 

"Que el tiempo es efímero como que estamos aquí"
María

domingo, 16 de junio de 2013

La historia de la vida.

Naces, vives y mueres. Te levantas, pasa el día y te duermes. Todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Es como un gran relato en el cual las cosas se plantean, la trama pasa y para bien o para mal termina. A veces, no nos damos cuenta de que el tiempo pasa y que el cambio de escena se acerca. En otras ocasiones, te sientas tan solo a esperar. Los principios suelen ser bonitos; sonrisas y bellos momentos que recordar como si de la infancia se tratase. Suelen atraer al lector, suelen vivirse con intensidad. Sin embargo, a veces son duros y difíciles como un camino pedregoso que cruzar. Perdemos las ganas y ni siquiera importa lo que venga, solo queremos el final. 

Pero, ay, ¡cuán inesperado es el divino arte de las palabras!...La trama suele ser la más larga, la que más sorpresas suele dejar. Nos intriga, no advierte. Nos hace que vivamos las cosas con intensidad. Aquí los detalles importan y hasta el último movimiento es analizado. Es como si te recostaras en la hierba y la comodidad te embriagara. Una atmósfera te envuelve para hacerte aprender de lo que pasa, para dejarte las lineas escritas a fuego, para que tu mismo no sepas que va a pasar. La historia, si la historia, se vive con amor y aunque la luz se apague y la oscuridad venga siempre sabemos que habrá que esperar al final. 

Y cuando el final llega el dolor te sacude y no hay marcha atrás. El dolor se apodera de tu vida y no deja que la historia se acabe. Ningún final es feliz, porque los finales no lo son por naturaleza. Todos los finales duelen. La historia de un buen libro, la trama de una serie, el final de una etapa,...todo esta impregnado de la nostalgia y del dolor. El miedo a que las cosas cambien y el temor de perder lo que se tiene. Te duele cerrar el libro, apagar la tele, comenzar de nuevo. Te duele saber que lo que la trama te había regalado, el final sin consulta previa te lo ha arrebatado. Y tu guardas el dolor, las lagrimas, los recuerdos y tu vida en un pequeña caja para que cuando menos te lo esperes el dolor desaparezca y el comienzo vuelva a llegar. Nazcas, salga el sol y de comienzo de nuevo la gran representación de tu vida. 

Aun así, yo no estoy dispuesta a cerrar el libro. Acabo de escribir un largo capítulo que al lector le va a hacer llorar tanto como ha llorado la autora escribiéndolo. Y ahora toca intentar seguir escribiendo con buena y firma letra como el camino de males acabó y te devolví la sonrisa. 


Sin más, sigan escribiendo. 
María

miércoles, 29 de mayo de 2013

Una carta al Destino

Hoy voy a escribirte a ti. Por todo aquello que me has dado, por todo lo que me quitaste en lo que dura un suspiro. Bien me conoces, bien sabes quien soy. Aquí sobran hasta las presentaciones. Hoy quiero escribirte. Deseo hacerlo porque me he sentido afortunada de que existas, e incluso estoy dispuesta a perdonarte aquello que te has llevado. Me he sentido privilegiada por lo que tengo y he querido hacértelo saber. Me pillas en un época de agobios y malhumor, imperan en mi el cabreo y las ganas de llorar pero he encontrado la solución a mis problema y todo gracias a ti.

Me has robado cosas que realmente me hacían falta. Me has quitado mi tranquilidad. Cuando más sosegada parecía mi alma aparecías tú para llevártela. Te has apoderado de mi concentración por todos los años que me las has envidiado y tengo que rogarle cada vez que la necesito para que vuelvas. Te has quedado con muchos de mis amigos, a lo largo de todo este tiempo personas que para mi lo eran todo se han esfumado. Amigos que han compartido conmigo secretos y verdades. Me has arrebatado los quizás y las ganas. Me has quitado lo que más quería. Aun no se porque decidiste llevártela. Yo soñaba con verla orgullosa en el primer banco de la iglesia. Con decirle; "Abuela, que me caso". Me moría de ganas por disfrutar de Ella muchos años más.

Sin embargo, he de agradecerte algunas cosas. Debo agradecerte que Ella sea mi faro y guía. Mi camino y mi verdad. Ella me enamoró en solo instante.Cuando parecía que nadie miraba, ya había estado con Ella desde muy niña. Siendo un bebé me tomó en sus manos. Pero debía de tener unos seis años cuando en el mes del Santo Rosario, bajé con Papá. Ese hombre que en silencio me ha criado. De su mano entré por la inmensidad que ese relicario me transmitía, y al hacer por "Porta Coeli" de frente estaba Ella. Cuándo le pregunté a mi padre porqué andaba la Virgen tan cerca me contestó que una vez al año se ponía a nuestra altura para poderla tocar. "Yo quiero tocarla" gritaba y tuvo que sostenerme mi padre en sus brazos para que yo pudiese besarle las manos y antes de bajarme me dejó " Fíjate bien en la cara, María" la miré a los ojos y me enamoré. Y hasta el día de hoy cada octubre me sostengo en sus manos y mirándole a los ojos renuevo esa declaración de amor. 

He de dar las gracias por mis oportunidades. Por querer, ay Destino, que siempre ante las dificultades yo saliera victoriosa. Me diste fuezas y me pusiste las condiciones para lograrlo. Qué este donde estoy con lo que tengo es fruto de mi trabajo y he de trabajar para seguir recogiendo. Pero tú debes disponer para que se cumpla. Me gustan mis amigos, aunque quisiera mejorarlos. Algunos son muy niños y otro crecen demasiado rápido pero son mi amigos al fin y al cabo, quienes me rodean. Mi familia. Me tocó vivir en una gran familia donde los besos y cariños no son frecuentes pero que dejan entrever los más lindos gestos cuando hacen falta.

Pero yo estoy aquí hoy para darte las gracias por poner las cosas a favor de mi persona cuando del corazón de otra se trataba. Podrías haber hecho que aquella otra amiga se diera cuenta de lo que tenía y lo tomara. Podías haber hecho que se olvidara de mi en aquellos tiempos. Podrías haber hecho que yo siguiese con aquella venda en los ojos. Podría no haber salido en Señor de la Salud en extraordinaria y yo no haberme quedado prendada de aquella sonrisa que me dedicó. Podías haberte ahorrado las molestias de mis lágrimas. o podías haberlo dejado en el camino. Podías haber hecho que nos diera miedo y que el besarnos fuera un sueño. Podrías haber dispuesto de otra manera y por el contrario, a día de hoy quisiste, Destino, que él fuera solo mio. No había amistades previas que valiesen, no había más que pensar. Hoy solo queda el amor. Él me da un motivo para luchar por el futuro. Me regala la chispa de vivir. Hace que desee tenerlo y que el quererlo lo sea todo para mi. Es capaz de quitarme el miedo, de robarme las dudas con los labios, de mejorar mi alba con sus brazos. Es capaz de revivirme. Es capaz de convertirse de nuevo en mi vida entera. 

Te pido que no juegues en mi contra y que jamás me quites aquello que me has dado. Dejame avanzar firme en mis estudios. Pero, ante todo, no me arrebates mi aliento que son sus besos y te quieros. 

Que sigas escribiendo mi historia sobre papel firme y con bolo rosa.
Atentamente, 
María

martes, 7 de mayo de 2013

Recuerdo...


Hoy me han invadido miles de recuerdos. Me han azotado la mente en un momento de debilidad. Normalmente no me dejo llevar de forma tan demoledora pero hoy mis fuerzas no se han podido resistir. Han sido recuerdos fugaces pero a cual más feliz. Quizás es que necesitaba esos momentos para darme cuenta que entre este agobio que me está consumiendo y que me está matando, tengo a otras cosas a mi alrededor que se mueren por mi sonrisa. La pena que me da es saber que son solo eso; recuerdos.

He recordado mi despedida del colegio hace ya cuatro años. A todos mis amigos, mis agobios, mi clase, mi colegio. He recordado partes efímeras de mi infancia como el patio del recreo o las carreras de vuelta a casa. He recordado lo mala que era y me ha hecho dibujar una sonrisa. He recordado la playa y mi prima Alejandra, los juegos en la arena y los baños interminables en el mar. He recordado la verbena del mes de Mayo con mi familia y los patitos que tanto me gustaba cazar. He recordado un muñeco al que cuidaba y mimaba. He recordado mi primer beso. He recordado el primer recuerdo que tengo de mi Virgen del Amparo. He recordado mi primer Rosario de la Aurora, mi primer canasto. He recordado cada momento con mis niños, con mi Grupo Joven con esos que han sido y son mi mayor orgullo. He recordado mis cumpleaños, el campo de mi tío y la piscina. He recordado las escapas y las locuras de mi jienense más querido. He recordado mis primeras noches de fiesta y mis viajes a Sevilla. Las noches de reyes sin poder dormir. He recordado mi sonrisa. He recordado el orgullo de mis padres cuando me dieron el premio al mejor expediente y cuando sonó mi nombre por la matrícula de honor. He recordado mi primer amor. He recordado cuando tomé en mis brazos a mi prima Julia y cuando escuché a mi hermano decir mi nombre por primera vez. He recordado el calor de mi madre aquella vez que estuve enferma y la sonrisa de mi padre cuando aquel día me vio llorar. He recordado la primera vez que alguien me dijo un te quiero al oído. He recordado mi hábito nazareno. He recordado una fría Madrugá. He recordado el día que aprobé el coche y cuando medité ante mi Señor. He recordado mi atril de los escalofríos y la primera vez que compuse una poesía. He recordado el sabor de aquellos roscos de Semana Santa. He recordado mi primer Rocío. He recordado aquel 24 de Mayo. He recordado a mi abuela, su sonrisa y su mirada. He recordado aquel viaje a Italia. He recordado la emoción y el sentir. He recordado a la virgen de la Palma por San Antonio y su bulla agarrado a mí. He recordado lo que un día.

Hoy, me he puesto melancólica y todo me ha azotado de repente. Hoy, he recordado algo muy importante; lo que más me gusta es sonreír. Me encantaría volver a tener motivos para hacerlo. 


María

lunes, 29 de abril de 2013

Feliz, feliz en tu día...

Soy una persona que vive con un calendario en la mano. Siempre esperando una fecha u otra. Cuando no espero Semana Santa, espero los cultos de la Virgen cuando no Cristo Rey, cuando no agosto y lo siguiente navidad. Y así paso los días esperando una efemérides tras otra. Algunos días están señalados en rojo pues son dignos de recordar al llegar. Días que me son importantes. Sin embargo, hay un mes y un día que me tienen el poder de darme la felicidad o robármela. Ese mes es mayo y en él, el día de mi cumpleaños. Mi aniversario me encanta. Soy de esas personas que disfrutan muchísimo con toda esa clases de pamplinas. Me gustan las fiestas y las celebraciones. Me gusta estar rodeada de quienes más me quieren, aquellos que pasan las horas conmigo. Me gustan los regalos, como a todo el mundo, pero no aquellos que se compran con dinero. me gustan los regalos que están hechos desde el corazón y que han sido preparados con cariño. A veces, una simple carta me pierde. Me gustan las sorpresas, las adoro y siendo como soy de ingenua es muy fácil hacerme tragar. Me gustan que me feliciten, que alguien piense en mi durante un segundo de ese día. En resumen, me gusta que ese día sea mío; que me hagan sentir el mejor día de mi vida. 

Y es que desde que cumplí el primero de los años, ya apuntaba alto. No recuerdo nada pero las fotos de ese día muestran mi inocencia de niña y la ilusión de cuantos me rodeaban. Tengo memoria de uno de mis cumpleaños en casa. debía de cumplir cuatro años y recuerdo a mis primeros amigos de la infancia jugando con plastilina en casa y llenándolo todo. Eramos unos pequeños diablillos pero guardo en mi con nostalgia esos momentos  Otro de ellos fue cuando cumplí siete años, pues a la fuerza quise hacerlo en el telepizza solo por preparar la mía propia. A las doce años hice una merienda en mi casa y después nos fuimos todas mis amigas y yo al cine solas. ¡Nos sentíamos tan mayores siendo tan niñas! Al cumplir los catorce, fue muy especial. Mi primer cumpleaños con novio. Vaya tontería puede pensar cualquiera y yo la primera. Pero al hecho irme a clases de inglés y que a la vuelta estuvieran allí con mi tarta favorita fue muy acogedor. Además no se me olvidará cuando mi por aquel entonces novio llamó a la puerta y traía consigo mi bien más preciado. Un cuadro de dimensiones impresionantes de mi Madre del Amparo, y aun a día de hoy es quien vela y guarda mi cama. El de los quince fue más raro, aunque no por ello menos bonito. Un día lleno de amigos, rosas y bailes. El de los dieciséis  estuvo marcado por una película de miedo con mi Grupo Joven, todos ellos quisieron, aun siendo domingo, hacer lo que a mi me gusta; reír. 

Quisiera obviar mi diecisiete cumpleaños. Pues ese fue el último día que escuche su voz. Quizás fue ese su último regalo de cumpleaños. Pero a excepción de mi hermanos, mi ahijado y mi novio, pase el día sola y no pude ni siquiera soplar una tristes velas. Sin embargo, parece que el destino quiso regalarme el mejor de los días cuando cumplí la mayoría de edad. Mis padres me montaron una fiesta que quedará en mi recuerdo y que fueron capaces de reunir a todos los que me quieren. Fue el mejor día que he pasado nunca. Me colmaron de regalos, pero todas escogidos con el máximo cariño. Todo les pareció poco para que yo me sintiese como una reina. Y no se como agradecérselo. Mi último cumpleaños hasta la fecha, y ya van diecinueve, fue un día apacible. Muchos hicieron un gran esfuerzo para hacer ese día mío. Se que quien lo organizó ya no está cerca de mi pero le doy las gracias pues intentó ese día cumplir todos mis sueños. A todos los que vinieron e hicieron que yo sonriese, gracias de corazón. 

A pesar de todo esto, de todo lo que me gusta y de que espero con ansia ese día, se que este año no va a ser así. Presiento que va a ser un mal día y que pasará como uno más de mi vida. No me apetecen celebraciones ni tampoco quiero regalos porque echo en falta cosas en mi vida y antes de que cualquier cosa material roce mi mano, quiero sentirme bien con lo que me rodea. Así pues, a dos semanas de mi cumpleaños me pregunto....¿y este año sera mi día, me sentiré bien o será de esos cumpleaños que prefiero ni mencionar?

Sin más que decir, 
María. 

domingo, 7 de abril de 2013

Felicidades, mi vida

Para mi las palabras tienen un valor especial. Me gusta jugar con ellas y tenerlas como un tesoro. Para mi las palabras son bellas y me gusta regalar esa belleza a los demás. Por este motivo, quiero regalarte mis palabras como hago cada día, como llevo haciendo desde siempre. Sabes que no puedo hacerlo de otra manera. ¿Qué le regalo a aquel que me da un motivo para seguir cada día?¿qué le digo a aquel que me deja sin palabras?¿qué le digo a aquel que ya se lo he dicho todo? 

No puedo desvelar un secreto, no puedo publicar una confesión, no puedo evocar recuerdos. Porque eso ya es una cotidianidad, un vocero, un hecho conocedor. Sin embargo, puedo hablar a mis sentidos y ponértelos aquí a modo de felicitación o puedo darte las gracias por mil y un hechos que me han dado la felicidad  O por otra parte, puedo pedirte perdón por mis malas palabras, mis malas acciones, mis malos modos y el sufrimiento que he podido provocarte. 

En mis oídos reposa mi debilidad; tu voz. Tu voz tiene un poder de tranquilizarme que aunque no lo creas, casi nada más lo tiene. Tu voz me saca un sonrisa, me adelanta tu presencia, me hace sentirte conmigo. Tu voz me debilita todos los sentidos cuando cantas. Cuando de ti sale esa melodía me conquista una y otra vez. He de confesarte que en largas noches de nervios e insomnio aprovecho tu voz para relajarme. Mis ojos se vuelven espejo, me gusta contemplar los innumerables momentos que me otorgas. Contemplar tu semblante y meditar, sentirme afortunada por lo que tengo y preguntarme una y otra vez a causa de que decidiste estar conmigo pues no merezco tanto. Mi olfato se mueve por tu olor, me vuelve loca. Pero no pienses mal, la locura es parte del amor y que pueda olerte es sinónimo de tenerte cerca y eso me gusta. Espero poder oler siempre a ti, quería decir que has aceptado el reto de estar conmigo. Me gusta besarte, siempre me dio miedo pensarlo y nunca quise hacerlo, pero el gusto no es tonto y al probarlo me advirtió que me equivocaba y que si hubiese que elegir ya había decisión tomada. Y que decirte del tacto,...no. No es el tacto. Son los abrazos. Si quiero algo de ti son los abrazos. Los quiero para toda la vida. porque tus abrazos me han dado de paz y consuelo hasta felicidad y sonrisas. Son otro mundo.

Sabes, te acabo de poner cursiladas que quizás no tienen nada que ver con que crezcas un poco más a mi lado. Sin embargo, quiero que te des cuenta de todo lo que me hace sentir después de aquella confesión introvertida en tu habitación. Que tengo que darte gracias por todo lo que me regalas cada día, por esas palabra, por ese cariño. Por no sucumbir al mundo y seguir contigo a pesar de todo el mal que te he provocado. Gracias por quererme. 

Espero poder regalar palabras y felicidad hasta el fin del mundo. No sere más empalagosa, lo prometo. 

Te quiero con locura, Dani. 

¡FELIZ 19 CUMPLEAÑOS, CARIÑO!

martes, 26 de febrero de 2013

Dice una confesión...

No penséis que soy una egocéntrica ni mucho menos una niña creída por lo que voy a comentar hoy. Simplemente, he mantenido una conversación muy interesante con alguien que a penas me conoce y que me ha hecho llegar una serie de comentarios sobre lo que el mundo ve de mi. Me ha parecido tan interesante que sigo dándole vueltas en mi mente. Resulta que en el intento de estrechar una relación de amistad, esta persona en cuestión me ha hablado de mi pareja y de que Él piensa que tengo algún que otro admirador. Sospechas que yo ya poseía. A todo esto, yo replicaba entre un mar de dudas que no me explicaba como podía ser que tantas personas se fijaran en mi pues no actúo de manera diferente ni tengo ningún propósito, simplemente, soy así. Le comentaba que siempre pensé que iba a ser de esas personas que terminaban sin su media naranja. 

En un punto de la conversación, me confesó que Él se había fijado pues parece que tengo un cartel luminoso  me hago notar. Sin embargo, en ningún momento había sentido nada por mi; solo le llamaba la atención. Decía que lo que más llamaba de atención era mi carácter  Un carácter abierto y burlón que hacia agradable la compañía. El hecho de estar siempre hablando y acogiendo a tanta gente hacia que las personas quisieran pasar tiempo conmigo, ya que se se nota a leguas que no puede haber cosa más agradable que charlar conmigo. Que esté dispuesta a escuchar  que se pueda mantener todo tipo de conversaciones, que haga reír o que me preocupe eran cosas que hace que la gente me quiera. 

Otra de las cosas era mi sonrisa. Dice que me hago notar gracias a ella. Son las puertas de todos mis éxitos. Dice que es preciosa y que a veces, me pongo a sonreír de forma tonta y hago algo con la mirada que delatan a quienes me quieren. En cuanto a mi físico, no tengo un cuerpo diez como el lo llamaba sino que estoy bien. Sin embargo, algo mejor que mi cuerpo; mis ojos. Clásicos pero impactantes. Coincido con Él. Es lo que más me gusta de mi misma. 

Por otra parte, cosas generales como mi forma de vestir, la capacidad que tengo de impresionar, mis estudios, mis logros,...son cosas que hacen que la gente me quiera y me vea como un buen partido. Ante todas estas cuestiones, no he sabido como reaccionar. No me siento atrayente, no me siento especial. Y no lo soy. Tan solo me gusta ser así. Me gusta que la gente note mi presencia, señal de que algo estoy haciendo bien.

Tú que no me conoces, ¿crees que hay algo?
Tú que sí me conoces, ¿crees que no?

Con una sonrisa y una mirada tonta, me despido.
María

jueves, 14 de febrero de 2013

St. Valentin's Day

Creo que este día no fue concebido para que yo lo celebrara. Tengo la suave sospecha que jamás voy a hacer una cuenta atrás ni querré que el calendario marque esta fecha. El origen de este pasotismo en lo referente a toda esa parafernalia de corazones y colores rojos en mi me es totalmente desconocido pero no me gusta. Me parece una fiesta abarcada por comerciales que intentan sacar dinero de algo tan propio como es el amor haciéndonos creer que una persona quiere más a otra porque en este día le diga dos cursiladas y le regale una bonita flor. Esta fiesta más que pasar momentos bonitos hacen que surjan más problemas para aquellos que aun son exploradores del mundo de los sentimientos, para los que el amor de su vida murió y para aquellos que creen tener una relación sólida. 

Me niego a celebrar un día para el amor. Me niego a dedicarle un momento a mi pareja porque la sociedad así me lo diga. No. No pienso hacerme participe de una fiesta creada, seguro, por gente sin amor. ¿Qué sabrá el mundo del amor? El amor es sentimiento único para cada persona. No es más, que desvivirte por otra. El amor es esa llama que le da sentido a nuestras vidas. Nos hace sonreír sin quererlo, nos hace felices sin quitarnos nada. El amor es una parte del alma y está en ti regalársela a otro. El amor no le pertenece a nadie, ni se puede expresar. Solo se puede sentir. Y yo digo, ¿una flor va a hacerme sentir un amor sin precedentes? No...el amor es y no es más que amar. 

La felicidad del estar enamorado se ve en pequeños detalles. No es dejar un largo mensaje de palabras vacías que terminen con un "te quiero". Es sentir en tu mente cada día la presencia de la otra persona, es buscar en cada palabra algo que te deje en silencio. Es abrazar a alguien a quien echabas de menos. Es la necesidad de tenerlo siempre cerca. Es sonreír por verle sonreír,  es pensar en el otro pensando en ti. Es ese instante en el que sabes que los labios se acercan y un beso está por venir. Es el deseo, la provocación. Es saber que hay una forma de la que te vuelve loca. Es el escalofrío al tocar su piel. Es saber lo que quiere sin que te lo diga. Es la reconciliación tras un enfado. El amor es la locura que se comete. Es recorrerse lo que haga falta para verlo. Es quedarse tirados en el cama. Es un paseo y una charla. Es la confesión de tus sentimientos. Los nervios de todas las primeras veces. Son sus ojos y su boca. Es que te saque de quicio y que tú lo sepas. Es que te trate como si fueras única siendo una más. Es la confianza que se deposita. Es  saber que pudiendo estar con cualquiera, te tomó a ti. Es saber la vida que os espera juntos, es que a pesar de todo siga tomándote cada día. Queriéndote de verdad, sin decirlo pero dando fe de ello. 

¿Y todo este amor se demuestra una vez al año? Este amor, el verdadero no el banal,  se le da a la persona correcta para siempre. Así que yo no quiero 14 de febrero, ni cenas, ni rosas, ni felicitaciones. Quiero besos, cariños, y romanticismo todos los días. 

Que pasen un buen día, como otro cualquiera. 
María

lunes, 11 de febrero de 2013

Poder a ti contarte...

Afortunadamente, este lugar es poco conocido. Para mi suerte puedo tener este rinconcito en el que hablar de mi, para mi. Sin quererlo puedo expresarme en este lugar sin tener que rendirle cuentas a nadie. Hoy deseo escribir unas líneas para ti. Te prometo que no se explicarte que fue lo que pasó. Te prometo que no puedo contarte lo que pasó por mi cabeza, no tampoco que es lo que cambió en mi. No puedo hacerme eco del gozo que sentí para mis adentros ni mucho menos lo perdida que me encontré. Lo único que puedo expresarte es que estabas ahí cuando a mi me hizo falta. Solo puedo recordarte que volví la cara un segundo y al instante siguiente ya no podía decir una palabra de ti sin que me emocionara. 

No me atrajeron tus grandes exornos ni atrezos. Tampoco me fijé en tus galas o bordados, en tu ráfaga o corona. No puedo decirte nada de tus joyas ni tampoco de tus encajes. No me guíe por los piropos de quienes me rodeaban, ni tampoco por quienes te tiraban por tierra. Yo solo me fije en tu mirada, en la cual me perdí para volver a encontrarla en la belleza de tus ojos. Yo solo se de tus manos, esas pequeñas que se me abrieron cuando te confesé que te quería. Y que, debo de decirte sin dudarlo, me muero por rozar pues no se me ha concedido tal privilegio. Yo solo puedo hablarte de tu leve sonrisa que sin quererlo me saca la mía. Tan solo decir que se apodera de mi la locura cuando veo esos tirabuzones que se empeñan en esconder. ¡Pero si son delirio divino! No puedo decir nada, pues me enamoró, Chiquitita, la grandeza de tu estampa. 

Yo no soy de tu círculo, Señora. No puedo ni quiero osar a atreverme a ser más de ti. No puedo hablar públicamente de esto que en cierta medida es tan nuestro. No quiero provocar más críticas o más comentarios que en el fondo de mi alma solo me hagan daño, pues no quiero que nadie ponga en tela de juicio lo que provocas en mi. Por otro lado, no quiero que se me tache de oportunista o falserío pues si lo nuestro nació de repente, ¿qué he de hacerle yo? 

Me encantaría perderme en tu capilla, regalarte lo que te falta, colmarte de flores, poesías que de mi amor emanan. Me encantaría escoltarte, ser tu abanderada aunque por dentro me corra la pena de no poder llevarla y esconder entre el gentío lo que mi voz calla. Me encantaría poder decirte pero ahora en voz alta lo que la plegaría que a tu oído yo susurrara. Me encantaría, Señora, no ser juzgada por quererte a ti y a mi Amparo más guapa. Me encantaría preparar para tu linda cara encajitos que en ti luzcan y tu candeleria de plata. Me encantaría ser parte de ti, de quienes de hablan, pero mi voz reza y mis palabras callan y he de hacerlo todo a mis espaldas. Me encantaría poder tenerte como te tienen los demás, pues me da envidia sana que a ti puedan llegar. Me encantaría poder hablarte, poderte contar lo que te cuento al mi cama velar. Me encantaría que nadie me dijera nada, que todos lo aceptaran, que yo pudiese estar contigo como estoy como quien me ha visto crecer. Me encantaría, de verdad, mi Reina, estar contigo sin más. 

Y el día que mis sueños se cumplan, el día que pueda cantarte, el día que te pueda ensalzar, el día que el mundo se de cuenta de que me has vuelto a enamorar, mi Amparo dejará de llorar su pena por verme a mi llorar al saber que te quiero y no lo puedo gritar. 

A Dios gracias, que tengo esto...
Reina Bendita del Amor Hermoso, ampárame bajo tu manto. 
María


Pequeños places

Cuando los días amanecen grises con nubes que parecen que van a caer, cuando los días se asemejan a un duro camino que recorrer, cuando nada de lo que te rodea te acompaña, hay que cambiar la mente. Cuando todo parece oscuro, cuando se pierde la sonrisa por la desgana, cuando las cosas se vuelven contra ti, hay que buscar la manera de seguir adelante. A veces, es misión imposible. A veces, es necesario pararse. A veces, hay que asumir lo que la vida te presenta. Aun así, siempre saldrán mejor las cosas si se afrontan con la luz de nuestros rostros. En el tiempo que he recorrido, no demasiado atrás, he disfrutado cual niña pequeña pero la realidad me ha saludado de nuevo y no me ha parecido correcta su visita. 

A pesar de que no estoy de un animo jubiloso me he dado cuenta de que en días así, de pesimismo y tinieblas, hay detalles que te hacen notar que vives en un paraíso terreno. Hay ciertos detalles de la vida que siendo gratuitas provocan un disfrute sin previa vista. El placer que provoca el agua caliente sobre la piel fría tras un duro día de trabajo. El calor de una habitación tras temblar en el recorrido del vuelta. La sensación de que el chocolate se derrite en su boca. El café humeante que te despierta. El ponerte el pijama y sentirte cómodo. Un capítulo de una serie que te enamora. El tumbarte en la cama con un buen libro que te traslade a donde tu quieras. Esa conversación entre amigas donde se escapan las mejores de las risas. Ese apoyo de tu madre antes de dormir. El dejar que la mente fluya sin rumbo. La música que esconde acordes de pasión, entrelazándose con tus sentimientos. El placer que provoca cenar despatarrada con una buena película  el tachar lo ya hecho de tu lista pendiente. El olor de la ropa recién lavada, el olor a tu hogar. Ese placer de un paseo improvisado siendo espectadores del mar. Buscarle el detalle a las pequeñas cosas. Ese placer de leer las palabras de alguien que te quiere, alguien que lo daría todo por ti. El placer de andar descalzo sintiendo la frialdad del suelo en ti. El ir al baño cuando no podías más o el beber un vaso de agua cuando tenias la boca seca. El saber que para comer hay tu plato favorito o que te espera un bizcocho para merendar. El placer que te da coger una hoja en blanco y ponerte a escribir. El placer que te da sentirte vivo. 

Quizás estos detalles no signifiquen nada para ti. Quizás no sientas lo mismo que yo. Sin embargo, hay placeres que te hacen sentir bien contigo mismo y cuando me decaen las fuerzas, cuando digo que no puedo más, uno de esos placeres me hacen sonreír un poquito porque me hacen sentir bien. ¿Y a ti?¿Qué pequeño placer te hace sentir la vida en tu piel?

Qué disfruten de ellos todos los días sean grises o soleados,
María

sábado, 19 de enero de 2013

Sola


Estoy sola. Ante el abismo y la oscuridad, estoy sola. Sin luz que me proteja, sin cuerpo que me ampare, sin refugio al que poder llamar. No hay cueva donde esconderse, ni mar para escapar. No tengo nada. Como he dicho ya, estoy sola. Como el caballero de la primera fila en la guerra, como aquel que es el primero en pobar. Me siento tan sola que no se donde ubicarme, que hacerme, donde acudir. Sabina ya me lo advertía “Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de vovler”. Pues me siento sola, sola ante mi. Yo soy el enemigo y...¿cómo acabo conmigo misma?

No me siento yo, he perdido lo que un día fuí. Mi simpatía, mi cariño, mi concentración. He perdido todo de lo que me sentía orgullosa. Y me siento cabreada. Me siento enfadada alterada, con ganas de irme: de escapar, de no vovler a dar señales de vida y buscar un lugar en el que poder encontrarme a mi misma.

Pero es que hay tantas cosas que hablar, tantas cosas que cambiar, a tantas personas con las que hablar que ni expresarlas por escrito puedo...

Gracias a mi ahijado por ser mi pañuelo de lágrimas hoy, mi oído, mi amor, mi niño, mi pilar, mi sustento, mi todo. Tu abrazo me era tan necesario como el respirar hoy.

Sin poder más, y a punto de explotar
María  

martes, 8 de enero de 2013

La rutina...

Te levantas y amanece tras la ventana un nuevo día. La luz se cuela por las cortinas anunciando que es hora de dejar tus sueños atrás. Te lavas la cara eliminando los últimos restos de la visita de Morfeo diciéndote a ti misma que cuando llegue la noche acudirás en su búsqueda a una hora más temprana. Te vistes y pones rumbo de nuevo a las clases. Ni siquiera desayunas. ¿Para qué? Clases, profesores, lecciones, pensamientos. Charlas un rato con las compañeras, vas a la biblioteca y vuelves a clase. Como si sonara una campana dejas el asiento y vuelves a casa. Comes, te lavas los dientes, te acomodas y das por empezada la tarde de estudio. Sin que puedas volver a pensarlo miras por la ventana y ya es de noche. Sigues haciendo cosas hasta terminar. Te das una "relajante" ducha de agua caliente y cenas algo, ya sin ganas por el cansancio. Intentas relacionarte con el mundo pero ha días que el mundo pasa de ti y te ves sola. Encerrada entre cuatro paredes. Te decides a ver alguna serie. Tienes frío, te metes en la cama y sientes el calor de la comodidad, lees un rato hasta quedarte dormida. Entonces, Morfeo viene como te prometió por la mañana y te arropa. Y así el día se ha vuelto noche, la oscuridad se ha llevado la luz y otro día de tu vida se ha disipado. Hasta que vuelva de nuevo el sol, te levantes y amanezca de nuevo la rutina. 

La rutina, eso que dicen que nos agobia tanto. Puede que tengan razón. El hecho de hacer siempre lo mismo. A veces, me gusta y otras la odio. Me hace sentir más segura si se que es lo que va a ocurrir al instante siguiente y me ayuda a estar preparada para lo que venga. Pero, también, la rutina nos hace daño. Nos habituamos a los que nos rodea y nos olvidamos de lo que tenemos. Perdemos esa chispa de vivir. No nos hace ilusión nada y dejamos que la vida se escape de nuestras manos. La rutina. Ese fenómeno que rompe tantas parejas, que hace monótona nuestras vidas, que nos quita las ganas de vivir. Nos hace sentir solos, que se nos ha ido el tiempo. La rutina de un día tras otro. Un día de tu vida multiplicado. Y cuando la rompes y ves como es eso de tener brillo en los ojos, te planteas que por qué existe tal tortura del día a día. Esa guerra por sobrevivir. La rutina que te lo quita todo y se supone, también te lo da. La rutina. 

Otra vez de nuevo junto a ese espejo, me planteó si quiero la rutina o no. Si esta es la vida que he tomado o me equivoqué de camino. Sea como sea, la rutina me duele y deseo tener esa ilusión que me da la sonrisa. Rutina que se verá cambiada pronto. ¿ Me echareis de menos?

Voy a seguir con mi día,
María