Si me concedieran un deseo sería poder volver a darte un beso. Si pudiera volver atrás lo único que cambiaría sería darte más abrazos de los que ya te dí. Si pudiera volver a estar contigo, te diría a la cara cuanto te quiero. Si pudiera hubiese ido a estar contigo en los últimos momentos, haberte cogido de la mano para que no tuviese miedo. Al igual que tú me la dabas a mi cuando algo me aterrorizaba, cuando me ponía malita y estaba tumbada en el sofá, como cuando me preocupaba o me enfadaba. Eras la única que me hacía entrar en razón.
Si pudiera te hubiese arropado la cama para que no pasaras frío prometiéndote que si cerrabas los ojos yo iba a seguir aquí. Como cuando dormías conmigo y te decía que no me daba miedo la oscuridad sino no tener a nadie a mi lado. Su pudiera te hubiese puesto la mano en el vientre y con un leve movimiento, prometerte que el dolor se había esfumando y que podíamos volver a jugar.
Si pudiera volvería a tener cuatro años para saber que aun me quedaban años para disfrutar contigo. Jugar a las cocinitas en la terraza, salir corriendo por la calle en tu búsqueda, las meriendas de la Gloria, los paseos, los besos de los domingos, el acompañarte a dar una vuelta. Volvería a todas las misas contigo, a las novenas, a las bajadas, a las procesiones de nuestra siempre Auxiliadora. Ir contigo todos los 24 a los salesianos y rezarle juntas, quien pudiera hacerlo. Volvería a los cuatro años para escucharte decir; “María, esa es tú Madre.” “Y...¿cómo le habló?”” Tú siempre dile...Dios te Salve, María...”
Si pudiera tenerte no te soltaría. No ha habido en el mundo persona que más confiara en mi, que más me quisiera, que mas me apoyara. No tenías pereza en alabarme, el hacerme sentir única, en hacerme saber que yo era especial. No te preocupabas en reconocer que tenías delirio conmigo. Y no puedo negar que para mí no había nadie como tú.
Por eso, hablar de ti, abuela un me duele. Aun me hace daño. Aun me hace llorar. Porque si pudiera te tendría de nuevo aquí conmigo. Era mi pilar, mis ganas, mi sustento. Aquella que nunca dudaba de mi, aquella que siempre estaba a mi lado. Y en todos mis triunfos, en todos mis fracasos, en todas mi decisiones tú estás conmigo. Tú sigues siendo mi estrella.
Mañana, como todos los días, habrá un hueco en la mesa que no se podrá suplir. Hoy cuando nos reunamos para hacer los pestiños faltará tu presencia. El día de Reyes no sonará el teléfono para con tu dulce voz preguntar como de buenos hemos sido y que en casa también parece que pasaron sus Majestades. Siempre habrá un hueco que será el tuyo. En mi graduación, en mi pregón, en mi boda, en mi vida. Y no me sirve de nada eso que me decías,”cuando yo no este mi hueco lo ocuparan tus hijos y yo podré estar tranquila.” Pues tú eras, eres y serás irremplazable para mi. Porque me faltaras siempre en la vida aun sabiendo que gracias al Señor sigues aquí a mi lado, sigues siendo mi Amparo y mi Auxilio. Sigues siendo mi abuela y yo esa nieta de cuatro años.
Si pudiera y hubiese sabido que ibas a morir tan rápido, en mi cumpleaños, no me hubiese separado de ti. Si hubiese sabido que no nos quedaba tiempo, me hubiese ido detrás de ti para no soltarte.
Te quiere,
María
Si pudiera te hubiese arropado la cama para que no pasaras frío prometiéndote que si cerrabas los ojos yo iba a seguir aquí. Como cuando dormías conmigo y te decía que no me daba miedo la oscuridad sino no tener a nadie a mi lado. Su pudiera te hubiese puesto la mano en el vientre y con un leve movimiento, prometerte que el dolor se había esfumando y que podíamos volver a jugar.
Si pudiera volvería a tener cuatro años para saber que aun me quedaban años para disfrutar contigo. Jugar a las cocinitas en la terraza, salir corriendo por la calle en tu búsqueda, las meriendas de la Gloria, los paseos, los besos de los domingos, el acompañarte a dar una vuelta. Volvería a todas las misas contigo, a las novenas, a las bajadas, a las procesiones de nuestra siempre Auxiliadora. Ir contigo todos los 24 a los salesianos y rezarle juntas, quien pudiera hacerlo. Volvería a los cuatro años para escucharte decir; “María, esa es tú Madre.” “Y...¿cómo le habló?”” Tú siempre dile...Dios te Salve, María...”
Si pudiera tenerte no te soltaría. No ha habido en el mundo persona que más confiara en mi, que más me quisiera, que mas me apoyara. No tenías pereza en alabarme, el hacerme sentir única, en hacerme saber que yo era especial. No te preocupabas en reconocer que tenías delirio conmigo. Y no puedo negar que para mí no había nadie como tú.
Por eso, hablar de ti, abuela un me duele. Aun me hace daño. Aun me hace llorar. Porque si pudiera te tendría de nuevo aquí conmigo. Era mi pilar, mis ganas, mi sustento. Aquella que nunca dudaba de mi, aquella que siempre estaba a mi lado. Y en todos mis triunfos, en todos mis fracasos, en todas mi decisiones tú estás conmigo. Tú sigues siendo mi estrella.
Mañana, como todos los días, habrá un hueco en la mesa que no se podrá suplir. Hoy cuando nos reunamos para hacer los pestiños faltará tu presencia. El día de Reyes no sonará el teléfono para con tu dulce voz preguntar como de buenos hemos sido y que en casa también parece que pasaron sus Majestades. Siempre habrá un hueco que será el tuyo. En mi graduación, en mi pregón, en mi boda, en mi vida. Y no me sirve de nada eso que me decías,”cuando yo no este mi hueco lo ocuparan tus hijos y yo podré estar tranquila.” Pues tú eras, eres y serás irremplazable para mi. Porque me faltaras siempre en la vida aun sabiendo que gracias al Señor sigues aquí a mi lado, sigues siendo mi Amparo y mi Auxilio. Sigues siendo mi abuela y yo esa nieta de cuatro años.
Si pudiera y hubiese sabido que ibas a morir tan rápido, en mi cumpleaños, no me hubiese separado de ti. Si hubiese sabido que no nos quedaba tiempo, me hubiese ido detrás de ti para no soltarte.
Te quiere,
María